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Un extraño en el otoño

Desde mi habitación, observé el panorama. Le pregunté a mi madre. ¿Por qué hoy amaneció tan triste? ¿Dónde se ha ido el Sol? El silbido de la brisa me provoca una sensación de soledad. Ese colchón de hojas muertas sobre el camino me da miedo. No para de llover, el cielo está gris y la ventana está empañada. ¿No hay habitantes en este pueblo? Veo unos pocos caminar como zombis bajos sus paraguas. Los árboles se han quedado desnudos, pobrecitos deben tener frío.

Mi madre sonrió y me dijo: es solo temporal. Pronto entenderás que el otoño tiene sus encantos. Es el turno para el reposo de las almas. Vendrá de nuevo el canto de las aves, el brotar de las flores, de sus colores y de sus aromas y la alegría de la luz.

Aunque no entendí sus palabras, el brillo de sus  ojos me arrancó un suspiro…

Cosme G. Rojas Díaz

9 de octubre de 2021

@cosmerojas3

Aberración

De acuerdo al diccionario de la RAE  la aberración es un grave error del entendimiento. Es un comportamiento o producto que se aparta claramente de lo que se considera normal, natural, correcto o lícito.

Combatir a lo que es natural resulta una actitud de negación del ser y por ende genera conflictos internos. Los seres humanos fuimos creados para grandes cosas; estamos dotados de cualidades intelectuales, físicas y espirituales. Y además habilitados para forjar nuestro destino: por aquello que conocemos como el libre albedrío. Despreciar nuestros atributos constituye un acto de ingratitud a Dios y además una amenaza para nuestra propia subsistencia. Quien no aprecia lo que tiene está condenado a perderlo. La felicidad comienza por el agradecimiento, por aceptarnos tal y como somos y desde allí crecer todos los días. La empatía comienza por aceptar y apreciar lo que el espejo refleja.

Cada día la sociedad se empeña en  crear más ismos y alimentar más fobias. Es la lucha contra el amor y contra la armonía de la creación: la del orden contra el caos. Estamos acechados por la intolerancia por el machismo, feminismo, racismo, clasismo, homosexualismo; por las diferencias religiosas, políticas y por otras tantas corrientes que eclipsan el propósito del Creador.

Los conflictos existenciales, son el reflejo de las  luchas internas, de la  negación de lo que somos. Algunas personas no están satisfechas con lo que son; por variados argumentos como pueden ser su estatura, color de piel, su peso, por sus rasgos, por su origen sexual y hasta casos patológicos que ni siquiera aceptan su condición humana. En estos días vi en un programa de TV que una chica se sentía gata y quería transformarse en ese animal. Se había operado las orejas, la boca y otros detalles de su rostro para tener aspecto de felina y planeaba una cirugía para adaptarse una cola. Mientras, otra muchacha quería ser mariposa y ellas defendían mutuamente sus posturas. No se percataban que los gatos se comen a las mariposas. Algo similar ha ocurrido en los últimos juegos olímpicos una persona que genéticamente era un hombre “se transformó en mujer” y logró batallar en esa categoría, este hecho revela una competencia desleal. Se abren las puertas a los cambios ad hoc y quien quita si hasta los retornos programados una vez cumplida la meta…

En estos complejos temas ya son incontables las variedades de manifestaciones de inconformidades. Es que esto genera muchos odios sociales. Surgen las banderas, las posiciones extremas y la confrontación entre la homofobia y el orgullo gay. Es un asunto tan complicado como indeterminado, para muestra a las siglas Lgbtqia+ cada vez le agregan más letras ¿Quién sabe si al final ocupe todo el abecedario? Rechazo las dos posturas, a la primera porque el odio es un acto contrario al humanismo y la segunda porque el hecho de que alguien tenga una tendencia sexual distinta a la de su origen no le da derecho a imponerla entre las demás personas. El respeto debe prevalecer para todos y no para una parcialidad.

La lucha por la igualdad se ha vuelto un contrasentido y ha perdido valor. El gran problema de la igualdad es que hay infinitas percepciones de lo que esto significa. ¿Somos iguales? o ¿Somos diferentes? Por fortuna, somos las dos cosas. Es mucho más lo que tenemos en común que lo que nos diferencia; sin embargo son nuestras peculiaridades las que nos hacen únicos.

Vivimos tiempos de hipersensibilidad, se han exacerbado los antagonismos entre las personas. Se ha convertido en una moda peligrosa magnificar la pluralidad. Los días del año ya no alcanzan para celebrar el orgullo de ser de ser integrante de determinado segmento. Si enseñamos al niño a respetar a las personas no será necesario hacer una lista sin fin de particularidades; ni de seguir a incontables agrupaciones de derechos humanos.

Otro tipo común de aberración es en el mal uso del lenguaje. Quienes se empeñan en acuñar el lenguaje inclusivo atentan contra las normas naturales que rigen a los idiomas. El lenguaje es un instrumento de la comunicación y ha de ser usado con eficiencia. Por esta razón ha de ser lo más sencillo y preciso posible. Las normas de la expresión las dictan los usuarios y las lenguas vivas están sujetas a cambios graduales; sin embargo las reglas deben ser gobernadas de manera prudente y por los expertos. Pululan de pronto los sabios. Muchos se sienten con la autoridad para querer imponer sus opiniones. Detrás de la irracionalidad disfrazada de igualdad, se ocultan los más diversos disparates. Los movimientos que pujan por ganar influencia como todos esos ismos que ya mencionamos han creado la  boga mundial de inclusivismo insulso.

Ese inútil empeño en querer adaptar la estructura de los idiomas a los caprichos de unos seres que se creen muy puristas, puede devenir en una distorsión peligrosa, destructiva y que no agrega valor a la intención que los promueve. Las sugerencias planteadas de las reformas además de ridículas resultan contradictorias y confusas. Los lenguajes tienen su lógica, su historia y gobierno; y están aptas para evolucionar de manera ordenada. No se puede dejar en manos de improvisados los caprichos caóticos para manipular a las masas.  

Un ejemplo es la novedad de llamar presidenta a las damas que cumplen ese rol. Presidente es una palabra compuesta que se refiere al ente que preside una institución. El ente según la RAE es: “lo que es, existe o puede existir” y no tiene género. No existe la “enta”. En línea con esa absurda lógica podríamos referirnos a una dama como que es “inteligenta”o “adoslescenta”, o a una “capilla ardienta”; todo para no herir susceptibilidades.

 Algunos “hablan de “nosotres” para incluir a hembras y varones. ¿En qué quedan estos tontos enredos? Resulta que presidente puede ser machista pero “nosotres” es inclusivo. Es que confunden género con sexo, ganas de complicar lo que está fácil. Hay quienes prefieren usar el signo @, como si este fuera una letra del alfabeto, se refieren a niñ@s creyendo que así abarcan a ambos sexos. Otros iluminados sugieren usar la x en el lugar de la vocal “niñxs”. Noten que el corrector ortográfico ha marcado varios errores subrayados en rojo. ¿Sabe alguien como se leen o pronuncias todos esos esperpentos lingüísticos? O es que no importa respetar la relación que existe entre los textos escritos y lo vociferado. Ganas de gastar neuronas en boberas. Lo que hagamos con el lenguaje impacta, en proporción directa, en las bases de la sociedad.

La verdadera inclusión tiene que ver con el respeto, la empatía y el afecto hacia las personas. ¿Quiere ser inclusivo? Trate con respeto a sus padres, hijos, hermanos, amigos, vecinos y a cualquier persona. Aprenda a comunicarse con un sordo, con un ciego con alguien que hable una lengua diferente a la suya. Si no está dispuesto a esto no opine tantas ligerezas. Recuerde la regla de oro trate a los otros como espera ser tratado, eso sí es ser inclusivo. 

El odio a quien es distinto se refleja como un bumerán para quien lo practica. El conflicto se presenta cuando el fanatismo, las modas y los complejos se alinean para aniquilar las normas naturales. La verdad es que cada derecho genera un deber y encuentra un límite en el derecho del otro. No tengamos reparos en respetar las preferencias sexuales de los individuos, pero exijamos respeto al orden. El masculino y lo femenino es lo natural, no es un capricho, ni un invento de imberbes. Tampoco es arbitrario el código del ADN, que existan los cromosomas X y Y, los óvulos y espermatozoides. El orden está establecido por el Creador y romper las normas nos puede conducir al exterminio.

Cosme Rojas
9 de agosto de 2021
@cosmerojas3

Leer la vida

¿Qué es leer? Es un verbo, que alude al proceso de percibir y comprender la escritura, mediante los sentidos. En otras palabras, es la capacidad para descifrar los mensajes a través de un método establecido: visual, auditivo o táctil.

Si de leer la vida se trata el concepto es más amplio; además de las letras también se puede dar lectura a las percepciones, emociones y hasta a la intuición se le puede capturar.

Analicemos a eso que llamamos corazonadas ¿Cuántas veces nos han advertido de un peligro, nos  han sembrado una idea o nos han conducido a tomar decisiones? ¿No hacemos acaso una fugaz lectura a estos inexplicables presentimientos? Y lo más relevante ¿Cuántas veces nos hemos arrepentido de no haber seguido nuestros instintos?

Cuando escucho que alguien no sabe leer, pienso que es una verdad a medias. Todos, de alguna manera, sabemos leer pero nadie sabe leer todo cuanto le rodea y es que ni siquiera podemos desentrañar nuestro mundo interior.

El término analfabeta se refiere a las personas que no saben leer y por ende tampoco escribir. Y es un concepto acotado al mundo de las letras. Es indudable que esta situación representa una desventaja en la que nadie debería estar. En estos tiempos que se habla tanto de inclusividad este si es un asunto primordial a resolver; y debe ser asumido como una responsabilidad compartida. Eliminar el analfabetismo o reducirlo a su mínima expresión, debería ser un derrotero fundamental de la humanidad. Ayudar a alguien que no sepa leer ni escribir, el idioma que habla, es una tarea justa y necesaria. No es posible tener un mundo mejor mientras haya personas sin las llaves de acceso al conocimiento. Ya se ha dicho muchas veces y toca repetirlo hasta que se haga realidad: La educación quizá no sea el asunto más urgente de la civilización, pero si es el más trascendente.  

Vemos, escuchamos, olemos, saboreamos y tocamos. Además capturamos múltiples mensajes por otras vías. Transformar las ideas y sensaciones en palabras es un arte y está al alcance todos, en mayor o menor grado. Leer textos, interpretarlos y poder reescribirlos corresponde a otro nivel y también es factible para la inmensa mayoría. El leer abre muchas puertas, al conocimiento, a la realización personal y a la elevación del espíritu. Es triste que haya seres humanos privados de este derecho.

Muchos aprendimos a leer y a escribir desde una tierna edad algunos llegan a su edad adulta y creen que ya es tarde para hacerlo. La buena noticia es que eso no es cierto y nuestro deber es animarlos a que lo logren. Para aprender, descubrir y crear nunca es tarde. Ayudar a un adulto a leer ha de ser una experiencia enriquecedora, tanto para quien enseña como para quien aprende. Tener empatía con quien no entiende estos garabatos, acercarse a sus métodos y averiguar del como ellos compensan esas carencias es un reto relevante.

Los seres humanos tenemos capacidades para explorar, para labrar caminos y para eso nos valemos de lo que tengamos al alcance. Quien quiera educar lo debe realizar desde el amor, el respeto y la humildad. ¿De cuántas alternativas nos habremos perdido? ¿Cuántos caminos hemos descartado en nuestro andar? ¿Cuánto podremos aprender de quien dice no saber? La civilización sigue los rumbos de sus líderes sin embargo las rutas posibles son infinitas.

Hay tantos caminos por descubrir y tanto por que agradecer…

Cosme G Rojas Díaz

@cosmerojas3

Comunicaciones humanas

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Como seres humanos tenemos la imperiosa necesidad de comunicarnos. Y lo hacemos de diversas formas; algunas ágiles, efectivas, honestas, directas y otras veces de manera complicadas, inadecuadas o con objetivos ocultos. Las comunicaciones virtuosas y exitosas construyen ambientes de armonía; mientras las comunicaciones mal intencionadas, deficientes o inadecuadas propician el caos y los resentimientos.

Es preciso conocer las fortalezas y las debilidades de los canales de comunicación para, en lo posible, elegir el más adecuado o mitigar las limitaciones del medio seleccionado. En las auténticas urgencias el mensaje se debe emitir de manera expedita a riesgo de que resulte precipitado; pues es preferible pasar un mal rato que sufrir las secuelas de un accidente.

Los mensajes se generan desde la racionalidad o desde la emocionalidad. Si realmente queremos notificar algo, debemos entender que nuestras percepciones son incompletas o sesgadas. Si escucháramos sin prejuicios, tendríamos grandes oportunidades de captar diversas perspectivas y con ellas mayores probabilidades de éxito en nuestros propósitos.

Los paradigmas marcan la referencia de cómo valoramos las situaciones cotidianas. Si alguien nos grita lo etiquetamos de violento, pero quizá un bramido oportuno nos podría salvar la vida. De hecho, Una alarma debería sonar más fuerte de acuerdo a la criticidad del evento. Veamos los efectos del procesamiento de un mensaje, bajo la lupa de un paradigma clásico: “Un hombre conducía por una vía sigilosa y estrecha; de repente se consiguió con otro vehículo de frente que casi lo impacta. Manejaba una dama quien le gritó ¡Cerdo!, él de manera inmediata le replicó y tú Vaca;  al salir de la curva su carro impactó contra un Cerdo”. El modelo de quien me grita me ofende, en este caso, resultó errado y el aullido era una advertencia desesperada que no logró cumplir con su misión y dejó consecuencias lamentables.

No está claro si somos seres racionales con emociones o seres emocionales que razonamos; pero si es cierto que podemos tomar el gobierno sobre ambos atributos. Los estados de ánimo marcan al mensaje, a la selección de las palabras, las secuencias y el tono de las mismas y también a aquellos piquetes que no se dicen expresamente pero que se transmiten. Cuerpo, mente y espíritu actúan como un sistema interconectado. El lenguaje corporal es elocuente y expresa más que las palabras. Por eso es tan importante  examinarse antes de comunicar.  Aquí toma sentido práctico aquel adagio romano de que “La mujer del César no sólo tiene que serlo sino parecerlo”.

Adoptar una buena postura es importante en la confección de cualquier comunicación, sea  esta verbal, presencial a través de la distancia o escrita. Es muy difícil transmitir alegría si no se está alegre y el cuerpo ha de saberlo. William James, uno de los grandes psicólogos y filósofos de Estados Unidos, sentenció: “El pájaro no canta porque es feliz, es feliz porque canta». Este pensamiento es una excelente noticia, pues implica que podemos gobernar sobre nuestros estados anímicos. En consecuencia, si se quiere reflexionar resultará de efectiva ayuda adoptar la postura del pensador. Un error muy común es no dar crédito a la comunicación con el ser interno, desde donde fluye la energía que da vida al mensaje.

Los canales de comunicación básicos son el hablado y el escrito y el lenguaje corporal está presente en ambos medios.

El lenguaje oral es el más natural y el de mayor propagación, este va en armonía y exposición con el lenguaje anatómico. Cuando se habla además de cuidar las palabras se debe tomar en cuenta otros recursos; tales como el tono, las pausas y la retroalimentación del contacto visual.  Hay una creencia popular según el cual “las palabras se las lleva el viento”,  y esto es falso; con el verbo se alimenta o se destruye una relación. Las frases pueden resultar inspiradoras, lapidarias, o indelebles en la mente y el espíritu de una persona.

El mensaje escrito exige un mayor nivel de compromiso, precisión y brinda un tiempo adicional para reflexionar, ordenar las ideas y entonar los sentimientos. El lector puede experimentar sensaciones y construir sus opiniones con base al texto y a sus propias experiencias; su cerebro se encargará de llenar los vacíos de la ausencia de interactividad. El lector puede percibir o imaginar el estado de ánimo del escritor, aunque este crea que se puede esconder detrás de las letras. Quien escribe debe explotar sus recursos, aprovechar que cada palabra puede ser macerada y disponer del poder para crear el ambiente de manera textual. La comunicación escrita puede considerarse unidireccional. Al escribir debemos ubicarnos en el rol de los lectores y lograr dar claridad a las ideas. Las ambigüedades pueden tener múltiples interpretaciones. El uso del lenguaje tiene sus consecuencias, para bien o para mal, y si se deja por escrito la huella es verificable y por ende de mayor impacto. Poncio Pilatos lo dijo así: “Lo escrito, escrito está”. Y Sigmund Freud lo dijo de esta manera: “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”; podríamos parafrasear agregando a esta certera frase… y susceptible de ser llevado a una corte por lo que se escribe.

Cuando se piensa en comunicación se relaciona con tres elementos básicos emisor, medio y receptor. Este es el modelo básico, en la vida real los escenarios suelen ser más complejos; pues en la dinámica cotidiana y las redes de comunicación involucran varios emisores, medios y receptores.

Analizando un intercambio simple que se da en una conversación directa de persona a persona, quienes hablan el mismo idioma, tocan un tema del dominio de ambos y tienen interés de expresarse. En este caso el riesgo de distorsión del mensaje luce que se encuentra en mínimo riesgo. Sin embargo no todos somos iguales y cada quien tiene un mundo interno desde donde genera y procesa la información. Lo que uno dice no es exactamente igual a lo que el otro interpreta. Es decir aún en este escenario utópico es preciso entender y aceptar que la comunicación perfecta no existe. Es preciso comprender que tenemos mucho en común, pero por fortuna no somos idénticos. La buena noticia es que la diversidad nos da horizontes para crecer.

Podemos lograr nuestro propósito de comunicarnos, si nos enfocamos en respetar la regla de oro, la cual se dice muy fácil: “Tratar al otro como se quiere ser tratado”

Cosme G Rojas Díaz

13 de junio de 2021

@cosmerojas3

La transformación digital

La transformación digital toca diversos sectores tales como: el empresarial, industrial, energía, servicios, comercio, gobierno, banca, militar, educación, salud, legal, laboral, turismo, recreación, cultura, deporte, urbanismo, logística, ONGs, transporte y otros.

La transformación digital es un término que está sonando mucho en los ambientes empresariales. Mucha gente lo menciona pero pocos saben de qué se trata y desconocen ¿por qué es tan importante conocerlo y adoptarlo? Este concepto incluye a todos los sectores de la sociedad.  Quienes creen que sólo aplica para al entorno empresarial no han captado lo avasallador de esta corriente.

Transitar por este camino requiere orientación y claridad de objetivos. Hagamos un repaso relámpago de los grandes hitos que han movido al mundo de la información y de las comunicaciones (TIC). Comencemos por la llegada del personal computer (PC), el invento del mouse y las interfaces amigables, las hojas de cálculo, la paquetería de oficina, los medios de almacenamiento, la liberación del Internet, y la telefonía móvil que luego mutó en el smart phone.

En este contexto evolutivo se allanó el camino a las nuevas tendencias tecnológicas. La mensajería instantánea, es uno de los marcadores de los nuevos tiempos. Desde que comenzó el envío, en tiempo real, de textos simples hasta los elaborados contenidos multimedia; las noticias y la información se hicieron disponibles como nunca antes. La convergencia de las plataformas de telecomunicaciones se constituyó en otro factor clave. El advenimiento de la telefonía IP y con ella las herramientas colaborativas de: teleconferencia, telepresencia, el smart phone que terminó por desplazar las antiguas plataformas de telefonía clásica. En la actualidad el mundo está tejido de redes de fibra óptica y de un enjambre de comunicaciones inalámbricas. Se ha venido instalando una compleja infraestructura de telecomunicaciones, con un extenso alcance geográfico y demográfico. La cobertura sigue creciendo a un ritmo acelerado; con  el reto de llegar a todos los lugares  y todos los estratos sociales, del globo terráqueo,  en muy corto plazo.

Desde el punto de vista social las TIC han derribado las barreras geográficas y han motivado el surgimiento de nuevos patrones de conductas. En esta era, muchas personas pueden sentirse perturbadas, si se quedan sin su móvil o sin acceso al Internet. Pocos recuerdan que, hacen pocos lustros, discábamos teléfonos fijos, nos citábamos a una hora y en un lugar predeterminado, veíamos la televisión, escuchábamos la radio o esperábamos el periódico para enterarnos del acontecer mundial y hasta nos enviamos cartas.

Los desarrollos tecnológicos motivaron el sueño de la ubicuidad, la realidad de la comunicación instantánea y la eficiencia en la tele ejecución de múltiples tareas. Las tecnologías emergentes dieron el sustento a las redes sociales y a las más variadas aplicaciones móviles, con medios de pagos expeditos incluidos.

La trasformación digital es un proceso de cambio cultural, estratégico e ineludible; el cual debe ser abordado, sin demoras, en estos tiempos donde lo digital es lo cotidiano. Quienes no se ocupen de formar parte de esta evolución, con premura, corren el riesgo de quedar rezagados o contemplar la extinción de sus organizaciones. Están surgiendo nuevos paradigmas, aunque el cambio no es nada nuevo, lo que sí es diferente es la velocidad con que se está propagando. El mundo de la prensa, el comercio, la banca, las finanzas, los seguros, la educación, la salud, la recreación, está mutando a ritmos y a destinos insospechados.

Revisemos, con mayores detalles, los preceptos tecnológicos que dan orientación y habilitan el proceso de la transformación digital: La computación en la nube (cloud computing), el machine learning, el big data, el IOT y la experiencia del usuario customer experience.

Veamos los antecedentes en  la evolución de los centros de cómputo, para entender cómo se llega a la computación en la nube. Los primeros ordenadores eran equipos enormes conectados con periféricos de entradas y salidas de datos. En la marcha fueron creciendo de manera centralizada en poder de cálculo y en programas o software para apoyar las diversas demandas. Con la llegada del PC nació una encrucijada. ¿Surgirían dos corrientes separadas, en la computación? ¿Computación centralizada versus computación personalizada? Esta disyuntiva duró pocos años con el surgimiento de las redes locales y terminó por aclararse con la liberación del Internet. De hecho los PCs ya no aludían a su idea original de personal computer; sino al de profesional computer; se adaptaron para sumar una función adicional, ahora también serían terminales de usuarios de las redes locales. Así florecieron los centros de cómputo descentralizados y los mainframes se sumaron a estos nuevos esquemas, para satisfacer fines muy específicos. La evolución permitió orientar, dar espacios y convivencia a ambos mundos. Los mainframes continuaron su paso en las aplicaciones clásicas y en la redes se desarrollaron nuevas arquitecturas distribuidas para el procesamiento, almacenamiento, transmisión y gestión de los datos. Hasta este punto los centros de datos continuaban bajo un dominio geográfico endógeno; y por asuntos de asegurar la continuidad operativa sus arquitecturas se hicieron más robustas, seguras y resilientes. De manera paralela el mundo del Internet trazó una ruta independiente. Paso a paso la red de redes se fue fortaleciendo en capacidad de almacenamiento de información y en versatilidad para ponerla a la disposición del ciudadano común. Al punto de que las redes locales se encontraban limitadas y aisladas del mundo si no contaban con acceso al Internet. La web 2.0 se convirtió en un nuevo paradigma de transformación social. Las plataformas de los navegadores crecieron en poder y en protagonismo. Dieron un zarpazo, a los gigantes del negocio informático, al involucrase en la gestión del sistema operativo de los dispositivos de los usuarios finales; así lograron abarcar la cadena completa (el end to end). La mesa estaba servida para que surgieran los grandes proveedores de los servicios en la nube: Amazon (AWS), Microsoft (Azure), Google, IBM, SAP y otros. En la actualidad muchas organizaciones aún cuentan con sus propios centros de datos (conocidos en el argot técnico como soluciones on premise), con los más elevados niveles de robustez y seguridad, controlados por las mejores prácticas dictadas por el Uptime Institute. La tendencia es ir mudando los centros de datos a la nube. El correo electrónico, soluciones ERP, paquetería de oficina, herramientas colaborativas y diversas aplicaciones y servicios están siendo migrados o contratados en la nube. Dicho así, muchas organizaciones se están orientando a adquirir dispositivos móviles o  estaciones sencillas tipos thin client, para acceder a sus plataformas virtuales en la nube. Y desentenderse de las complejidades de la  administración de la tecnología de información.

La computación en la nube

La computación en la nube implica delegar total o parcialmente los servicios de TIC, en un tercero. En otras palabras la operación, el resguardo de los activos de información y la seguridad pasan al cuidado de un intermediario (parcial o totalmente). El cliente se puede enfocar en su núcleo de negocio y adquirir los productos, aplicaciones, licencias y servicios por demanda o por suscripción.

 En los centros de datos propios la plataforma  de hardware y software exige cuidados y atención dedicados. En estos casos el uso óptimo de los recursos puede requerir grandes inversiones, organización y elevados niveles de especialización dentro de la institución.

El Machine Learning

El machine learning actúa como un maestro de reconocimiento de patrones. Es una rama de la inteligencia artificial con múltiples aplicaciones en todos los campos. A modo de ejemplo, se citan algunos campos donde se aplican en la actualidad: mercadeo personalizado, detección de fraudes; en aplicaciones de CRM, ERP, automatización, gestión delegadas de tele monitoreo de plataformas tecnológicas (NOC & SOC).

Desde el siglo XIX surgieron algunos hitos matemáticos que sentaron las bases de esta tecnología. El teorema de Bayes (1812) definió la probabilidad de que un evento ocurra basándose en el conocimiento de las condiciones previas que pudieran estar relacionadas con el mismo. El machine learning trabaja con algoritmos predictivos, basados en las estadísticas. Y si hay algo que abunda en las redes tecnológicas son los datos. También predominan los desarrollos de software para las más diversas disciplinas. Los sistemas de machine learning establecen una línea base y un patrón de comportamiento; a partir de esta caracterización detectan las conductas fuera de lo usual; con base a ella pueden activar una escala de alarmas y tomar acciones inmediatas, como bloquear una tarjeta de crédito. Estas facilidades se convierten en el principal motor de resguardo en la gestión de la seguridad de la información.

El Big Data

La era digital se caracteriza por la generación de colosales cantidades de datos. El gran desafío del big data está en: convertir el inmenso y disperso volumen de datos en información útil. En otras palabras, de lo que se trata es de generar valor, desde conjuntos de datos o combinaciones de ellos cuyo tamaño, complejidad, variabilidad y velocidad de crecimiento dificultan su captura, gestión, procesamiento o análisis mediante métodos convencionales; tales como bases de datos relacionales, estadísticas o paquetes de visualización. Lo que hace que el big data sea tan ventajoso, es el hecho de que proporciona respuestas a muchas preguntas que las empresas ni siquiera sabían que tenían.

Con el big data, surgen las bases de conocimientos autoalimentadas y los motores de búsqueda se hacen cada vez más eficientes. Sin lugar a dudas el big data representa un elemento fundamental en la evolución del tratamiento de la información. El asunto está en cómo obtener el máximo beneficio de estos métodos.

El Internet de las cosas (IOT)

El IOT es la arrolladora tendencia que hará más convergente a las plataformas y a los desarrollos tecnológicos de las TIC. Cada dispositivo y cada equipo del hogar, de la industria, del comercio tendrán conexión al IOT y por ende se podrá disponer del respectivo monitoreo y control. En el mundo de la domótica imaginemos todos los artefactos del hogar conectados al IOT, cada uno con una dirección IPv6; se podrá tener el control remoto de todo lo que se pueda conectar: luces, aire acondicionado, persianas, cámaras, el contenido de la nevera, el lavado de la ropa, dispositivos para la alimentación de las mascotas. Hoy en día se han hecho muy famosas las asistentes personales tipo Alexa de Amazon, Siri de Apple y Google Assistant. Estos asistentes, además de ser buscadores en línea pueden configurarse para asumir las tareas de telecontrol del hogar o industria.

La experiencia del usuario

Otro de los aspectos fundamentales de la transformación digital, es la experiencia del usuario final. Esto aplica para toda la cadena de los entes involucrados en los servicios. El objetivo es asegurar el óptimo desempeño de las aplicaciones y de asegurar la sensación de inmediatez. Para lograr esto es preciso monitorear de principio a fin (end to end) cada transacción. Cuando haya lentitud, disminución del rendimiento o errores; se deberá encontrar con precisión, dónde y por qué ocurrió, el cuello de botella y solventarlo a la menor brevedad.

La idea es que el usuario final no se debe detener a pensar, en todas las complejidades que están detrás de cada clic, enter u orden ejecutada por él. Los usuarios demandan por el mismo nivel de servicio obtenido al pulsar un interruptor eléctrico, al abrir un grifo, o al esperar que las puertas se abran de manera inmediata a su ingreso a cualquier establecimiento. A él no le importa la magia que mueven los hilos del servicio.

Aunque la transformación digital es un tema que encuentra sus raíces hace tres siglos, desde que el hombre comenzó con la mecanización del trabajo hasta esta era digital; hoy en día, abordarla con prontitud y acierto es un tema de supervivencia. Si bien es cierto que en la era actual se ha alcanzado el desarrollo necesario para dar soporte a esta nueva tendencia, es la pandemia Covid-19 el sobrevenido disparador que le ha dado el impulso definitivo. Definitivamente esta crisis sanitaria ha precipitado la necesidad y ha derrumbado algunos miedos que hacían más lento su adopción. El ejemplo evidente lo representa el teletrabajo, las organizaciones más audaces, y en ciertas áreas específicas, ya habían iniciado su camino al trabajo desde la casa. Sin embargo, muchas empresas se mantenían escépticas para acoger esta forma de laborar. Las dudas se centraban en el temor a perder la eficiencia y control sobre los empleados. En estos días es la alternativa para mitigar el confinamiento social; al volver la vista atrás, se puede inferir que el teletrabajo vino para quedarse. Los sondeos apuntan a la adopción de esquemas mixtos. Se ha generado un efecto dominó, sobre las formas de cómo hacer las cosas y del análisis de los profundos cambios en la sociedad. La pandemia marcó, sin lugar a dudas, el punto de quiebre. No se trata de aceptar el cambio, sino del cómo manejarlo; para que sea ágil y efectivo. De manera que la transformación digital no es una opción, sino que es la ruta a seguir.

La Transformación Digital es en realidad una Transformación Cultural; esa es la forma como conviene ser entendida y tratada. Hay que estar atentos y dispuestos a entender: como el cambio está cambiando.

Cosme G. Rojas Díaz.

@cosmerojas3

28 de marzo de 2021

¿Por qué algunas personas son líderes?

6 tipos de liderazgo que como docente debes conocer - Educrea

Para responder a esta pregunta es importante formularse previamente esta otra interrogante. ¿Qué es un líder?

El líder es una persona inspiradora. ¿Qué lo hace tener esta cualidad? La respuesta está en varios factores que lo caracterizan: es seguro, paciente y con determinación. Mientras más fuerte sean estas cualidades, mayor será su poder de influencia. De manera que el líder es un visionario convencido, lleno de energía, con vocación de servicio y con un carácter arrollador. El líder se diferencia del jefe en que predica con el ejemplo, por eso se convierte en una referencia confiable.

El mundo está lleno de charlatanes sin oficio que critican desde sus cómodas y seguras trincheras; esos pueden aparentar ser líderes, pero a la larga se desvanecen como la espuma. Hay que cuidarse de los expertos en lanzar dardos mortíferos contra cualquier iniciativa noble, pues con frecuencia resultan incapaces de construir nada de utilidad: esos son los demoledores del humanismo y del medio ambiente. Es muy lamentable que esos lenguaraces hayan dirigido a las masas, engendrando costosos e irreparables daños en la sociedad. Esto ha sucedido, porque hay muchos incautos o perezosos que son felices con ser guiados como corderos al matadero. Hay extensa y precisa literatura, desde tiempos remotos,  en las cuales se mencionan a esos resentidos manipuladores; quienes repiten el mismo anticuado manual y de manera increíble obtienen idénticos resultados. Es triste pensar que la historia nos ha enseñado poco. Hemos avanzado en ciencia y en tecnología, pero seguimos siendo primitivos en comprender la riqueza de nuestra naturaleza. Somos capaces de llegar al planeta Marte buscando vida, mientras acá matamos a nuestros embriones y despreciamos a nuestros ancianos.

El ser humano es un ser pensante y de sentimientos, al menos está concebido para serlo. El renunciar a estos principios básicos es la causa raíz de muchos de los males que padecemos. Es terrible apreciar que la sensatez y el discernimiento sean tan escasos en la mayoría de los ciudadanos. El liderazgo siempre será necesario, pero el sentido común y la inteligencia colectiva nunca deberían delegar el control absoluto en nadie. Además la conciencia individual debe llevarnos a desobedecer cualquier acto que atente contra los valores de la vida y del amor. El liderazgo sin vigilancia social nos puede llevar al exterminio.

Todos estamos dotados de talentos y por esa razón, todos deberíamos ser enérgicos líderes en nuestras áreas de fortaleza. Hay una sola manera de aprender hacer algo y esa es haciéndolo.

Deberíamos observar y entender más sobre el vuelo de los gansos…

Cosme Rojas                                                               

06 de marzo de 2021

Honestidad y Acción

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Toda acción es motivada por un pensamiento o por un sentimiento. El pensar de manera correcta y con sentimientos generosos conduce a acciones puras. En otras palabras, la honestidad es una virtud signada por la rectitud del ánimo e integridad en el obrar. Quien es honesto es diligente, humilde, prudente y justo. El honrado opina y toma decisiones con cuidadosa ponderación y consciente de las responsabilidades derivadas. No hay nada gratis, la honestidad comienza por tener la disposición y determinación para agregar valor.

La tolerancia, la honradez y el carácter; son tres conceptos diferentes, pero no excluyentes. La tolerancia tiene que ver con el respeto a otras personas, a sus ideas, percepciones, circunstancias y paradigmas. El carácter se define como la manera en que se reacciona habitualmente ante una situación. Muchos asocian el carácter con el ser altanero y brabucón, esto es una mala concepción. Mi padre, por ejemplo, tenía un carácter áspero y lo consideraba de carácter fuerte porque era consistente en esa forma de ser. A veces pensaba que era más prominente su terquedad que su carácter. Mi madre al contrario era conciliadora, con gran habilidad persuasiva; a ella también la definía de carácter fuerte, por lo estable. Con el tiempo me convencí de que el carácter de mi madre era más fuerte que el de mi padre. Porque su modo de vida resultó más influyente, de mayor impacto y alcance.

La honestidad y la transparencia están asociadas, pero no son sinónimos. Si valoramos que son exactamente lo mismo, nos sentimos autorizados para exigir explicaciones de todo. Con el derecho, casi sagrado, de estar enterados de los detalles y acreditados para aprobar los pormenores. Esto sucede en cualquier ámbito social y conduce a uno de los grandes obstáculos para lograr la gobernabilidad. La transparencia absoluta puede resultar torpe y en algunos casos contraria a la celeridad. Quien dirige requiere y debe contar con un espacio de confianza. De manera que; la transparencia debe ser subordinada a la prudencia, a la confidencia, a la estrategia y a la diligencia. Transparencia sin juicio se transforma en ingenuidad. Jamás se puede ser transparente con el enemigo; este se las arregla para camuflarse y para asegurarse ubicuidad. Piense mal de su enemigo y su imaginación se quedará corta.

Claro no se puede obviar la trampa de que lo urgente termina por ahogar a lo importante. El arte de enredar las cosas se fundamenta en manipular los límites entre lo inaplazable y lo fundamental. Dicho así, se debe dar mayor peso en la transparencia en lo importante y en lo esencial que en la de lo urgente. A veces toca ajustar la ruta, pero no la meta.

La guerra es un término extremo, asociado al exterminio,  radicalmente opuesto al civismo y a la armonía. Sin embargo es una realidad que resulta ineludible, es que hasta dentro de nuestro organismo se libran guerras para mantenernos con vida. La política utiliza las mismas estrategias y filosofía de la guerra; pero mitigando el alcance y los componentes dantescos que la hacen tan aborrecible. Tanto en guerra como el política, de lo que se trata es de elaborar y ejecutar complejos planes de rigurosos cálculos dinámicos y con genial instinto, para dirigir a las masas. Lo más difícil es separar lo importante de lo superfluo y descifrar las artimañas del mal. Se debe mantener la mente alerta y despierta, sin caer en la paranoia. Es preciso visualizar la meta con espíritu optimista; mente analítica en el plan, cautela en la ejecución, anticipar los obstáculos, nunca asumir condiciones ideales y ser agiles en las respuestas. Se dice que la política constituye una de las ramas de las ciencias humanas o sociales. Se describe la ciencia militar como la ciencia de la guerra. Sólo encuentro un lugar donde ubicar a la ciencia militar y es bajo las ciencias humanas o sociales. Confieso que esto me suena a disparate. ¿Pero dónde más se le puede alojar?

De acuerdo a Klaus von Clausewitz (1780-1831) «La guerra es la continuación de la política por otros medios»…; resulta curioso que este pensamiento sea igual de lógico si se hace un enroque, en la frase, con las palabras guerra y política..

Las grandes conquistas se gestan con objetivos claros, tenacidad, disciplina, esfuerzo y continuo aprendizaje de los errores. En otras palabras se logran con carácter. Una pregunta fundamental ante cualquier desafió debe ser: ¿Qué pasa si lo logramos? ¿Cómo administrar el triunfo? Si el sueño fuese alcanzar la libertad la pregunta siguiente sería ¿Estaremos preparados para vivir en libertad? Y si la respuesta es negativa y aun así se valora importante, entonces corresponde indagar: ¿Cuál ha de ser el próximo reto o la próxima fase? La historia enseña que algunos triunfos se convirtieron en fracasos o en resultados distintos a los esperados.

En las contiendas a veces olvidamos que no estamos solos en el tablero: Hay que considerar que “los rusos también juegan”, para acertar y para errar. En ese juego el contendor tiene sus restricciones y sus batallas internas; por ende también se equivoca. Resulta ventajoso considerar que al enemigo no se le debe interrumpir cuando está errando. No se debe perder el foco en reconocer quien es el contrario. Lo sensato es sostener una batalla a la vez, si hay varios enemigos habrá que disponer de tantos generales como batallas se libre y mantener la jerarquía. No conviene dedicar energías y  tiempo a cada perro que ladre en el camino.

Alcanzar cualquier sueño exige gobernar las pasiones, bien sean que estén sustentadas en la intelectualidad o en la emocionalidad. Se dice que lo bueno es enemigo de lo perfecto y, esta expresión, cobra mayor pertinencia en la política. Las camorras, como lo es todo o nada, sólo sirven para desperdiciar las energías y llevan al fracaso. Los resultados incluyen derrotas, retrocesos, avances y victorias, las cuales no se deben subestimar ni sobreestimar. Resulta complejo manejar la incertidumbre; en especial cuando toca aceptar las frustraciones, rehacer los planes, evaluar las lecciones aprendidas y trazar nuevas rutas. En estas circunstancias la tentación de claudicar surge como una amenaza, y crece cuando los descalabros se hacen frecuentes. Aceptar cambios de planes genera infortunio y la sensación de andar sin rumbo. La historia está llena de esos episodios, de los cuales deberíamos tener lecciones aprendidas. El libro “el Éxodo de la Biblia”, abunda en enseñanzas sobre este tema.

Mientras todo marcha según los planes es fácil permanecer unidos y eufóricos. En las dificultades germinan los desacuerdos y crece la cizaña. El titubeo puede acarrear el caos, la pérdida de foco, las agresiones intestinas y la consecuente desintegración. Ese es el tipo de victoria ideal para cualquier enemigo, pues la obtiene a costo cero. Los profetas del mal agüero hinchan sus pulmones con sus aciagas expresiones: yo lo dije, es que no me prestaron atención y allí están las consecuencias y pare usted de contar… Los desatinos a veces se enmarañan con idealismos eruditos o morales. Estos apegos exacerbados al pudor y hasta la razón, a veces resultan paralizantes o pocos prácticos, al no responder al entorno y al momento. Es precisamente en las complicaciones cuando se requiere del liderazgo, con carácter; para mantener el propósito, la dirección y el orden. Los líderes también fallan y a veces requieren reponer energías o ser reemplazados temporal o definitivamente. Deberíamos imitar el ejemplo del volar de las gaviotas.

En tiempos de crisis las críticas se deben formular y asumir con responsabilidad y con compromiso. No es honesto exigir o esperar que otros resuelvan por mí o sentir que ya hice lo que me correspondía.

La honestidad ha de ser hija del amor para que las acciones estén orientadas en la búsqueda de la paz.

Cosme Rojas
7 de febrero de 2021
@cosmerojas3

Reflexiones de fin de año 2020, desde Venezuela

Pensar la pandemia

Cada fin de ciclo al ser humano lo invaden sentimientos por lo vivido, por los logros y por los fracasos. No resulta muy difícil imaginar a donde se quiere ir, lo complejo es convertir esos sueños en metas alcanzadas.

En asuntos de promesas abundan las declaraciones retoricas y los aburridos clichés. La frustración es consecuencia de no ocuparnos por hacer que las cosas sucedan. Si de verdad se quiere avanzar hace falta más que emotivas manifestaciones. Los planes exitosos se fundamentan en experiencias bien dimensionadas y en la firme determinación por cumplirlos. De nada sirve desear un feliz año cargado de las mejores intenciones, si estas no van acompañadas de las adecuadas actitudes, compromisos, virtudes y acciones.

En Venezuela animar con buenos deseos resulta inconveniente, porque la gran mayoría de sus ciudadanos están en condiciones precarias. Este fue un país de abundancia y de alegría, el régimen actual lo llevó a la desolación y al profundo dolor. Acabaron con todo: con la Petrolera Nacional, con las empresas básicas de Guayana, con las empresas de servicio (electricidad, telecomunicaciones, agua). Expropiaron al aparato productivo y lo arruinaron. Cumplieron con su malévolo propósito; el cual era adueñarse de la nación y de sus instituciones, para destruir las estructuras y crear una nueva esclavitud a la cual llaman pueblo. Un pueblo que reciba las dadivas sobrantes de estos nuevos “amos del valle”. El daño ocasionado a la ciudadanía ha sido monstruoso, han perseguido, torturado, asesinado y forzado a personas a huir despavoridas de su territorio, dejando a familias destrozadas por tanta crueldad.

En esta sufrida tierra, nos ha tocado dos décadas de acelerado retroceso, hemos sido víctimas de mediocres facinerosos y de pescadores de río revuelto. En estos lares nacieron, hace doscientos años, fulgurantes ideales de libertad los cuales se esparcieron y dieron sus frutos en las gestas de emancipadoras de sur américa. Después de la independencia, el sueño de Bolívar de la Gran Colombia no se logró consolidar y se impuso la separación de las actuales naciones. En el caso de Venezuela no se estableció la paz y el progreso imaginados en esos tiempos de ruptura con el imperio español. Se sucedieron largas y penosas luchas intestinas por el control del incipiente estado, hasta la llegada del que se consideró por largo tiempo como el último caudillo del país (Juan Vicente Gómez).

El 31 de julio del año de 1914 comenzó la operación del primero pozo petrolero del país: el Zumaque I. Este evento marcó un hito histórico: con este acontecimiento nacía una nueva era. Esta tierra pasó de ser una nación rural para convertirse en un prometedor estado, con rumbo al desarrollo y al buen vivir. Ese tesoro bituminoso y las inmensas riquezas naturales de nuestra geografía nos transformaron para bien y para mal. Poderosos consorcios internacionales se establecieron en los campos del nuevo oro: el oro negro. La economía y en consecuencia las estructurales sociales tuvieron una nueva ruta; perdieron valor la agricultura y la ganadería  y ganaron importancia los modernos métodos de producción. Las urbes crecieron de manera salvaje. Los menguados ingresos de las exportaciones tradicionales de café, tabaco, arroz, cacao y ganados fueron desplazados por las crecientes ganancias de la explotación petrolera. En el mundo estallaba la Gran Guerra; renombrada luego como la Primera Guerra Mundial.

En diciembre de 1935 ocurre la muerte de Gómez; para esos tiempos la península Ibérica confrontaba un período de dolor bajo el dominio de las figuras de Francisco Franco en España y de Antonio de Oliveira Salazar, en Portugal. En Venezuela se abrían nuevos horizontes, Eleazar López Contreras, el hombre de la calma y la cordura, y su sucesor Isaías Medina Angarita dieron importantes pasos hacia un avanzado civismo.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial esta tierra de gracia se convirtió en una alternativa para quienes huían de los horrores vividos en el viejo continente. Entre 1945 y 1950 ocurrieron importantes tropiezos políticos. Estos se  iniciaron con la repentina locura de Diógenes Escalante, quien era el candidato de consenso y virtual sucesor de Medina Angarita, el golpe de estado de 1945 a Medina Angarita al no lograrse un nuevo acuerdo entre los actores dominantes de la política,  el golpe a Rómulo Gallegos en 1948 quien solo estuvo ocho meses de gobierno y el magnicidio de Carlos Delgado Chalbaud. Luego vino la era de Marcos Pérez Jimenez, quien se consolidó como dictador hasta su derrocamiento el 23 de enero de 1958, a partir de ese año el país encontró su rumbo democrático plasmado de aciertos, errores y el posterior deterioro de los valores fundamentales. Rómulo Betancourt se convirtió en el líder de esa era, el reconocido escritor Francisco Herrera Luque lo señaló como el cuarto rey de las barajas en una de sus relevantes obras.

Hubo alternancia en el ejercicio del poder entre los principales partidos de la época, Acción Democrática y COPEI. La nación vivió cuarenta años de tranquilidad, libertad y progreso. Venezuela fue referencia política, por excepción, en una sur américa cundida de tiranías. No obstante la riqueza fácil engendró corrupción, pésimas gestiones, desidia y la inevitable decadencia. Las clases políticas y la sociedad se habían acostumbrado a las mieles del confort. El derroche y la opulencia se habían convertido en vicios nacionales; y símbolos de lo que alguna vez se conoció como la Venezuela Saudita. Había abundancia y frenesí para el despilfarro, en todos los estratos sociales. Del otrora país rural no quedaban ni los recuerdos. Como las fortunas son efímeras, sino se renuevan, el país se sumergió en una espiral de insatisfacción y de frustración.

Desde los inicios de la era petrolera dos grandes pensadores venezolanos habían advertido de lo fugaz y dañino de las fortunas sobrevenidas. Arturo Uslar Pietri escribió un artículo titulado “Sembrar el Petróleo”, el martes 14 de julio de 1936 en el diario “Ahora”. Comenzó aquella referente comunicación con la siguiente sentencia -“Paradójicamente, el mayor problema de Venezuela es la riqueza”-… Mientras Juan Pablo Perez Alfonzo, conocido popularmente como el padre de la OPEP, se refería al petróleo como “el excremento del diablo”. Un fenómeno conocido como «la maldición de los recursos naturales», nos acechaba. Ambos personajes tenían la clara visión de que los peculios imprevistos, sino eran gestionados con racionalidad, se convertirían en una contrariedad a largo plazo. Los recursos son limitados, pero la inteligencia, la imaginación y la tenacidad no lo son.

Los profetas del desastre tenían la razón, la democracia perdió sustento y devino el caos. Las crisis paren sus líderes, mientras en los tiempos de lujo estos escasean. A finales de la década de los noventa, resonaban las voces de irresponsables actores de diversos sectores, los cuales se quejaban de los males pero sin proponer planes de como enmendar la situación. Claro, cualquier propuesta sensata implicaba costos y sacrificios. Algunos sí supieron leer los acontecimientos, pero sus oportunas advertencias fueron calladas por la furia de las muchedumbres. Pocos están dispuestos a aceptar el decir anglosajón de “no pain no gain”; o a comprender la famosa promesa de Winston Churchill a los ingleses en el marco de la Segunda Guerra Mundial, cuando les dijo les ofrezco “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

En la cima de la crisis, las mayorías estaban esperanzadas que con Carlos Andrés Pérez la abundancia regresaría el país. Se poseía de referencia la opulencia de su primer gobierno y con este aval resultó reelecto en 1988; pero esta vez él tenía un duro plan de austeridad y sensatez para recuperar el crecimiento.

Con la rebelión del Caracazo de 1989 renació el espejismo de que sólo un salvador ungido sería capaz de repartir justicia. Algunos recordaban a Pérez Jimenez y anhelaban una “Bota Militar” que aplastara al corrupto y recuperara el poder adquisitivo. En los cuarenta años de la democracia se pregonó, hasta el cansancio, que nuestras instituciones eran fuertes, maduras y estaban blindadas; pero en el silencio de los cuarteles se fraguaban otros destinos. Se conspiraba con paciencia y empeño, esperando el momento oportuno para dar el zarpazo.

La mesa estaba servida y apareció en escena el personaje añorado por los amantes de las soluciones mágicas. Ocurrió el fatídico y fracasado golpe del 4 de febrero de 1992. El justiciero del “por ahora”, el que vendría a “freír las cabezas de los corruptos”, encontró quien lo vistiera, lo maquillara y lo mostrara en vivo y en directo en TV para que comenzara el espectáculo de la destrucción y el reino de la mediocridad. Sólo la inadvertida muerte logró quitarle el micrófono a ese empedernido, avieso y engreído charlatán.

Este año 2020 marca una ruptura inesperada para el mundo. Un ajuste del timón en el rumbo en la historia. La pandemia del covid-19, ha traído calamidad y muerte. Las circunstancias han golpeado con extrema furia los esquemas sociales y económicos del mundo globalizado. Algunos se aferran a la idea de que cerraremos el ciclo, pasaremos la página y el fatídico 2020 será recordado como una pesadilla. Sin embargo la racionalidad y los hechos presagian un futuro diferente. Aunque hay avances y planes para salir de la crisis, aún persiste la incertidumbre. El reto del 2021 será vencer a la pandemia. Las manecillas del reloj se están moviendo a mayor velocidad y se han alterado las prioridades. Las tecnologías de telecomunicaciones requeridas están disponibles para apoyar los profundos cambios; de hecho, en los meses recientes, ya se están usando de manera masiva. A principios del año 2020 pocos sabían lo que era el trabajo remoto, únicamente una pequeña elite empleaba herramientas de comunicación y colaboración en línea. Pasaremos por modelos híbridos, como en toda transición,  y tomará pocos años hasta que se impongan los nuevos paradigmas. El covid-19 dejará su legado.

En Venezuela la pandemia es una calamidad más del montón. El deterioro nos ha castigado con acelerada fuerza y nos ha impuesto crueles restricciones y castigos. El cataclismo de aquel país rico; de gente amable, generosa, jocosa y abierta; sigue su caída ante la indolencia del mundo. La nación que fue refugio para quienes huían de las barbaries del viejo continente y de las feroces dictaduras de los territorios vecinos; ahora no es correspondido con el debido agradecimiento. Nos toca a todos los venezolanos; a los de nacimiento y a los de corazón, a los que aún estamos dentro, como a los millones de inmigrantes esparcidos por el globo; seguir resilientes y nunca claudicar.

Algunos, desde sus cómodos asientos en la gradas, opinan que esta situación la debemos resolver los venezolanos; la verdad es que solo no podemos y lo hemos intentado de muchas formas. Este asunto de Venezuela, desde hace mucho tiempo dejó de ser una cuestión doméstica. Aquí se han establecido poderosos factores exógenos; saqueando nuestras riquezas y devastando la naturaleza y al planeta. Desde acá hemos hecho y seguimos haciendo cuanto es posible, hemos pagado altos costos y estos son hartos conocidos, (véase el informe de la más reciente Misión de la ONU). Desde el año 2000 en este territorio se han dado grandes manifestaciones de resistencia a la dictadura y aún se sigue en pie de lucha; basta con ver la última Consulta Popular del 12 de diciembre, la cual contra todo pronóstico alcanzó una clara y elevada manifestación de repudio al régimen.

El Socialismo del Siglo XXI es la más letal plaga que nos ha tocado vivir, ella trajo odio, destrucción, dolor y muerte. Esta revolución aniquiló al que llegó a ser el país más rico y próspero de Latinoamérica. En la actualidad está convertido en ruinas y con cerca de seis millones de inmigrantes repartidos por el mundo. No la tenemos fácil hay algunos que se han rendido y otros han caído en las garras del escepticismo y la desesperanza. A estos últimos les invoco este pensamiento:

“El mundo está tan lleno de opiniones como lo está de personas. Y usted sabe qué es una opinión. Uno dice esto, y algún otro dice aquello. Cada cual tiene una opinión, pero la opinión no es la verdad; por lo tanto, no escuche una mera opinión, no importa de quién sea, sino descubra por sí mismo qué es lo verdadero. La opinión puede cambiar de la noche a la mañana, pero no podemos cambiar la verdad.” ― Jiddu Krishnamurti

De manera que nuestra alternativa es pensar con fluidez y rigurosidad; opinar si es necesario y hacerlo con sensatez y proceder con determinación.

Cuidemos la actitud y las ganas para empujar una nueva era en Venezuela; una donde podamos analizar nuestra trayectoria, reconocer nuestros errores y carencias, donde afiancemos nuestras fortalezas y bondades. Ese es el espíritu con el cual debemos emprender este nuevo año 2021.

Cosme Rojas
25 de diciembre de 2020
@cosmerojas3

El exigente oficio de escribir

Escribir es un arte riguroso e inclemente. Cuando me propongo a dar rienda suelta a la pluma, me invade una implacable inquietud por ser claro y fiel a lo percibido. Las palabras circundan por mi mente a gran velocidad y me cuesta filtrar las adecuadas. El viaje, desde el papel en blanco hasta la liberación del escrito, es digno de ser contado y ese es la intención de estas líneas.

Una tema repleto de sensaciones me atrapa e intuyo la existencia de un tesoro. Oculto dentro del capullo de una borrosa percepción late un encargo ávido por cobrar libertad. Me estremece la curiosidad por descubrir el esplendor, la fuerza y el propósito que envuelve al misterioso mensaje.

La tarea comienza por escuchar las interrogantes que retumban en mi cráneo: ¿Cómo reproducir el efecto capturado por mis sentidos? ¿Cómo representar esas experiencias, para que otros la perciban? ¿Cómo definir un sabor? Puedo clasificarlos como agrio, dulce, salado, amargo; ¿Resultará suficiente? Muchas veces, las palabras se me quedan cortas. ¿Cómo describir y transmitir la sensación del proceso químico emocional, capturado por el paladar?…

Así de intenso me resulta cada experiencia al garabatear. Me toma tiempo establecer el orden y la precisión. En ocasiones la prosa fluye a mi cabeza a la velocidad de los dictados del corazón y me cuesta seguirle el ritmo. Cuando eso me ocurre no me detengo en los detalles, para no entorpecer a la arrolladora energía; pues las ideas y las alucinaciones son volátiles. A los primeros borradores les doy varias revisiones y ajustes, hasta que me siento satisfecho con el contenido y su estructura.

Allí no termina la tarea. Luego me detengo a reconocer la armonía con la que me estoy expresando. ¿Suena raro?, pues si la redacción no tiene ritmo pierde poder de persuasión. La fascinación es la guinda del arte. En el lector recae la faena de procesar las memorias que reposan en el papel, para obtener un determinado efecto. Sí la lectura no provoca una reacción habrá sido un esfuerzo inútil.

En definitiva cada reto de escribir me resulta único. No me detengo a pensar en lo ya hecho, sino en lo que me propongo hacer. Miro al papel en blanco y me da una puntada en el estómago. Me amenaza el desasosiego y persuasivos chantajes me invitan a desviar la vista del foco. A veces logró posponer la labor, pero eso me causa irritación. Esa es la forma como, en mi caso, transcurre el ritual de la escritura. Lo asemejo a una especie de montaña rusa, con elevados momentos de inspiración y el pavor por lo que se avecina al llegar al tope. Mientras las imágenes no dejan de presionarme para escapar de mi mente y de mi espíritu. Esto ha sido una lucha a través de mi vida y por muchos años conseguí evadir estas responsabilidades. El escribir me confronta con mis miedos, alegrías y dolores; y me ha enseñado que ignorar el mandato no me brinda alivio duradero. El confort es una placida morada para el descanso, la reflexión y para reponer energías. Es justo y conveniente disfrutar de lo alcanzado, pero es limitante y peligroso dormir sobre los laureles. Lo que deja de crecer comienza a fenecer. Mi opción es la de trabajar en nuevos desafíos y canalizar mis frenesíes por comunicarme.

Con la intención de ser más gráfico, en cuanto a lo expresado. Les comparto estas improvisadas líneas:  

“Aquí estoy otra vez, frente a ti, sin saber que hacer contigo, sin entender tus pretensiones. Me pregunto ¿Por qué no me permites regocijarme en el ocio? ¿Por qué me acechas con tanta firmeza? ¿Cuántos minutos de mi tiempo debo dedicar a entender a dónde me llevas? ¡Oh papel en banco! ¿Por qué me das tanta riña?…”

Así me ocurren las divagancias previas a cualquier comunicación. Nada me sobreviene hasta dar la debida atención a estas interrogantes.

Al final, del ejercicio exhalo alivio. No puede ser de otra forma, el escritor deja un pedazo de su ser con cada entrega.

Resulta ineludible cuidar las palabras; porque escribir es un acto transformador: transforma al escritor y transforma al lector.

“En la abundancia de palabras no deja de haber transgresión, pero el que tiene refrenados sus labios está actuando discretamente.” (Proverbios 10:19.)

Cosme G. Rojas Díaz

@cosmerojas3

12 de diciembre de 2020

¿Aprenderemos algo de la pandemia?

Algunas cosas pueden cambiar de manera violenta. Podemos despertar en una nueva realidad y descubrir que todo es diferente. Alteraciones de este tipo provocan respuestas igual de bruscas, cómo resultado del instinto de conservación. Ante un baño de agua fría cualquiera pega un brinco.

Hay otro tipo de transformaciones que no son percibidas en lo inmediato. Ante estos escenarios puede suceder que no se genere una reacción oportuna; y cuando se quiera actuar ya no se tenga la capacidad para hacerlo. En los cambios lentos puede ocurrir algo similar a lo conocido como «el síndrome del sapo hervido». En estos escenarios el sujeto, expuesto al cambio, suele terminar consumido por la amenaza; por no actuar con defensa asertiva. Este tipo de mutación, es de una naturaleza distinta al de la calamidad acotada en la pregunta del encabezado y por ende es materia para otro artículo.

Dirijamos el foco hacia los cambios violentos, como el que ha provocado el COVID-19. Este evento lleva el sello el confinamiento, como un atentado a las libertades individuales. Desde que la OMS declaró a este virus con categoría de pandemia el mundo cambió y las consecuencias se vislumbraron casi de inmediato. A nadie le resulta grato que les restrinjan las opciones y les impongan normas estrictas de vida. Existe amplia documentación de las secuelas de esta clase de calamidades; la más reciente fue la conocida como “la gripe española”, ocurrida en el año 1918. El planeta estaba saliendo de la que se conoció como “la gran guerra”; luego renombrada como la primera guerra mundial. Se calculó que a un tercio de la población mundial se infectó con este virus y se estima que el mismo mató a más de 40 millones de personas, en todo el globo terráqueo. Estos datos son aterradores, dejaron profundas huellas, dolorosas lecciones y en consecuencia exige acciones firmes de los gobiernos ante situaciones similares. Las odiosas medidas, al principio, imponen un cambio de conducta y obligan a la reflexión y a replantear los hábitos.

¿Qué es lo que ha se ha trasformado?  

Las personas tienen una percepción distinta de su entorno y de la forma como se relacionan con sus semejantes. Algunos no percibieron la fuerza de los hechos durante los primeros días, se lo tomaron a la ligera y como algo pasajero. Eso de enterarse, un viernes en la tarde, que la semana siguiente debes mantenerte en casa; puede resultar sorprendente pero no aterrador. La situación se volvió incómoda con la extensión de los lapsos, con las crecientes prohibiciones y por el hecho de que surgieron más dudas que respuestas. Es entonces cuando la gente toma conciencia, valora lo que tenía y se comienza a sentir arrinconada y amenazada.

Aparece el pánico y cuando ocurre, la razón sucumbe ante la incertidumbre y la especulación toma el control. La falta de información se sustituye con improvisadas sentencias fruto de las más espeluznantes suposiciones. La consternación presiona al individuo y eclipsa la razón ante la amenaza. El desconsuelo colectivo se propaga más rápido que el virus y adquiere un ímpetu con proyecciones demoledoras de cualquier voluntad. El terror se apodera de las mentes y sus víctimas actúan de manera caótica.

En estos contextos, es importante mantener el balance entre la sensibilidad y la sensatez. La frialdad de la mente exploradora, despierta y lógica ha de tomar el control ante lo desconocido. Al miedo hay que someterlo al escrutinio de la inteligencia. En ciertas ocasiones la única opción es ser valiente. Hay tiempos para percibir, para sentir, para explorar y explotar la sensibilidad y hay otros momentos para actuar de manera expedita y con cordura. Somos seres dotados de múltiples recursos y nos corresponde aprender a discernir cuando y como usar nuestras herramientas.

La oración de la serenidad de Reinhold Nierburh, nos da una brillante ilustración de cuál debe ser nuestra actitud para afrontar lo desconocido:  

“Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia.”

Lo inteligente es esforzarse en entender la realidad para asumir el control. Lo conveniente es estar dispuestos a tomar decisiones. ¿Por qué nos conviene cambiar? Porque la vida es una aventura y si no cambiamos perecemos antes de tiempo. En términos anglosajones nos llegaría el siguiente mensaje prematuro: The game is over. Así de simple. Así de drástico. Para un neonato su cordón umbilical ya no es su opción de vida; o respira o muere. La buena noticia es que, los seres humanos estamos dotados para adaptarnos a ciertas circunstancias; cada cual según sus capacidades.

Las sociedades, al igual que la vida, tienen sus ciclos. Hay tiempos de calma y otros de agitación. Los momentos de dificultades demandan de las grandes voluntades y de ellos se generan personas extraordinarias. Los lapsos de conflictos exigen las máximas capacidades de las personas, se requiere de la excelencia como también de liderazgo. Las calamidades traen insospechados retos, los cuales demandan de urgentes soluciones. La calma y la urgencia marcan los ciclos y cada estación ha de abordarse de la manera correspondiente. El sensato nunca se fía de la serenidad, no se duerme sobre los laureles, es visionario, proactivo, sabe que el camino no tiene límites. El sabio es consciente de que todo pasa, los malos y los buenos momentos; por eso administra sus pensamientos y sus energías con el mismo rigor.

La realidad no es estática, el conocimiento se adquiere a través de la observación, el ensayo y el error. Eso que llamamos experiencia no es otra cosa más que el producto del ejercicio del aprendizaje perenne.  Aunque se dice que “cada cabeza es un mundo” quizá sea más preciso decir que desde cada cabeza se crea su mundo. Si el entorno se modifica el observador ha de ajustar sus respuestas. Una vez que me hago consciente de mis sensaciones me doy cuenta que formo parte del ecosistema. Cualquier variación del medio tiene impacto en mi ser y coopera o conspira conmigo o en contra de mí. Si lo que sucede afuera de mi ego me perturba, entonces debo buscar la causa en mi interior. Todo cambio profundo comienza desde los individuos, luego se irradia entre las familias, las escuelas y las comunidades; así se transforman las sociedades.

¿Pero qué significa una nueva sociedad?

Los cambios en las sociedades, generan una cadena de arreglos en los códigos por los cuales nos regimos. Se adoptan nuevos patrones de conducta, de relacionarnos y de vernos a nosotros mismos. Esto implica la revisión de los conceptos de urbanismo, comercio, educación, salud, artes, deportes, transporte, trabajo, turismo y entremetimiento. Antes de la pandemia, la sociedad, ya tenía su ruta trazada; ahora esta se ha acelerado y en algunos tópicos será replanteada.

El rumbo está en proceso de redefinirse, esperemos a ver si los cambios serán sólo de forma o habrá algo sustancial. ¿Quedaremos, una vez más, ante un cambalache “gatopardiano”? De esos que rezan: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Dicho en forma jocosa “¿estaremos ante un cambio radical de 360 grados?” No es la primera vez en la historia que el ser humano se encuentra ante encrucijadas. Acontecimientos relevantes, del pasado, han generado nuevas rutas sin dejar lecciones aprendidas. Al final, han prevalecido las habituales avaricias y la elección de los caminos cortos. En los tiempos de Alejandro Magno, unos 300 años A.C., los estilos y recursos de vida eran muy primitivos; sin embargo la confrontación entre la barbarie y el civismo no era muy distinta a la de era actual. Una muestra de que luego de 2.300 años la naturaleza humana parece no haber evolucionado: seguimos andando al borde del abismo.

Estamos ante una nueva oportunidad de reconocer los valores fundamentales que nos deben distinguir. La historia nos ha enseñado que el ser humano cambia por su instinto de subsistir. Hasta ahora, sólo hemos hecho los ajustes triviales de timón para evitar naufragar. ¿Aprovecharemos esta oportunidad?…

 “Tus ojos miren lo recto, Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante”. – Proverbios 4:25

Cosme G. Rojas Díaz

15 de octubre de 2020

@cosmerojas3