Reflexiones de inicio de año 2022

Hoy mi esposa me mostró una foto de un recién nacido y  confieso que normalmente a todos los neonatos los observo muy parecidos. Prefiero quedarme callado cuando la mayoría comenta ¡Ay que bello!, igualito al papá o al abuelo…, pues la verdad es que me lucen arrugaditos y con rasgos incipientes. Sin embargo este retrato sí que me conmovió; pues capturó la imagen de una criatura en un estado de éxtasis. Una sublime sonrisa irradiaba de su rostro. ¡Me estremeció!

Enseguida escuché las interrogantes que mi esposa manifestaba. ¿Por qué se reirá?, ¿Estaría soñando?, ¿Qué sensaciones tan placenteras estaría experimentando? Y remató comentando: “se nota que no extraña para nada su antigua zona de confort, pues haría sólo unos días habitaba y dependía del vientre de su madre”. En lo particular me pregunté ¿En qué lugar de nuestro recorrido, por la vida, perdimos esa energía? Sin duda alguna, aquella imagen, es una muestra evidente de lo que es la felicidad.  

Así debería ser cada inicio de ciclo, cada mañana y cada nuevo año. Podemos empoderarnos de nuestro destino, hacer que el pasado se constituya en nuestras memorias y referencias, que nuestro presente sea lo que realmente importa pues es allí donde transcurre la vida y el futuro sea la consecuencia de nuestro carácter. Deberíamos tener la sencillez de romper con los paradigmas del confort y experimentar los desafíos del aquí y del ahora. Tener la dicha de saborear cada despertar con el mismo idilio del neonato, tomando en cuenta que cada día es una nueva oportunidad.

“Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.”- Miguel de Unamuno

Estamos ya en el segundo año de la pandemia y nos hemos tenido que adaptar a cambios severos. Todos hemos perdido a algún ser querido o a un amigo cercano, en la cruel batalla ante esta calamidad.

Es insólito ver como la humanidad no aprende de sus errores. Causa desasosiego el desprecio a nuestras potencialidades y facilidades. Hemos avanzado en ciencias y tecnologías, pero nada en cuanto a los valores del espíritu. A estas alturas de la historia, la vida debería ser más fácil y de mayor calidad, pero no empleamos nuestras herramientas con sabiduría. ¿Cómo y dónde estaríamos, si aprovecháramos todas nuestras capacidades para el bien común, en lugar de distorsionar cada idea? Nos hemos convertido en el más eficaz detractor de nuestra existencia. La raíz del mal se afianza en la ausencia de caridad: eso es lo que nos deshumaniza. Hemos dado un uso errado al libre albedrío, optando por lo banal y por lo inicuo. Nuestros comportamientos nos conducen a la autodestrucción y a la de nuestro entorno. Hemos claudicado a los dones que nos ha entregado el Creador y doblegado nuestra presencia ante los más fútiles propósitos.

En la escuela nos decían que los seres vivos se caracterizan porque nacen, crecen, se reproducen y mueren; pero los humanos no fuimos creados para esa insulsa faena. Aunque somos casi insignificantes en el vasto  universo, tenemos la capacidad de percibir a través de nuestro intelecto y espíritu. El asunto no es el insípido que nos contaron. Todos los caminos nos conducen a las eternas preguntas: ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia?, ¿Si no hubiera una intención precisa, qué sentido tendría entonces esta inútil conciencia?, ¿Qué nos depara el futuro?… La búsqueda y el afán por descubrirnos y superarnos están escritos en nuestro ADN y nos acosan con inclemencia.

Los pobres de espíritu deambulan como zombis, esperando que la muerte se los lleve; mientras se dedican a sabotear a todo lo que huela a virtud, o a quien demuestre buena voluntad. Esos son los que no viven y que sólo existen.

Terminamos el segundo año marcado por la pandemia del coronavirus y la sociedad sólo parece perturbada por el cuándo salimos de esto, sin importarle el cómo llegamos a esto. Vivimos en una sociedad de perezosos y temerosos, la gente tiene flojera y miedo de pensar, de buscar y de descubrir. Mucho se habla de libertad de la boca para afuera, pero pocos tienen el arrojo de tomar el control de sus vidas. Sofisticadas formas de esclavitud imperan disfrazadas de modas. Se han confeccionado falsos ropajes de lo loable y es bueno saber que la verdad no requiere de rebuscados adornos, ni de complejas justificaciones. Se crean corrientes mundiales que se inflan  como la espuma, pero que carecen de sustancia. Es común observar como algunos mediocres se enriquecen a expensas de las masas; mientras que los talentos son subestimados.

Han surgidos ideales en el mundo que lucen como meras modas. Estas tendencias se parecen a los flacos deseos por cambiar al mundo, que nos formulamos en cada inicio de ciclo. Al final se desvanecen por no tener sustentos ni determinación en la metas. Los cambios factibles se fundamentan en convicciones lúcidas, coherentes, consistentes y de elevadas motivaciones. Reinan las contradicciones pues creamos segmentaciones para defender las desigualdades.

Una dama no arriesga su compostura para demostrar su valor. Las mujeres notables destacan por su inteligencia y sus cualidades, jamás tienen que suplicar por reconocimiento con estridencias. Un auténtico caballero sabe apreciar su rol y el equivalente para nuestras compañeras. A una mujer se le quiere y se le admira por lo que es y por lo que representa. Ellas pueden y deben ocupar sus lugares en todos los estratos y quehaceres; sin ninguna condición. Los colores de la piel representan la riqueza de los matices de la creación y no son más que eso. Vivimos acosados por las amenazas de las jerarquías y el poder eso nos conduce a la confrontación. Las religiones no son más que formas y métodos para ejercer la espiritualidad y nunca deben convertirse en causas de odio, cuando esto ocurre pierden su razón de ser. Evitemos enredarnos entre el querer ser iguales y el defender la diversidad. Motivemos a nuestros niños a respetar, a querer a los semejantes, a los animales y a la naturaleza. No sembremos ni alimentemos las distinciones y promovamos la vida de una manera sencilla y amplia.

En lo personal no veo que estemos cerrando o abriendo algún ciclo, más bien pienso que estamos viviendo tiempos sombríos. Veo que el contador se movió de 2021 a 2022, pero no aprecio hitos relevantes.

Ojalá despertemos del letargo de la indolencia y de la ingratitud, sólo así alcanzaremos progresar en todos los aspectos.

Cosme Rojas
1 de enero de 2022
@cosmerojas3

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