Sinopsis y algo más de “Venezuela Indomable – Tiempos Revoltosos”

SINOPSIS:

Venezuela Indomable: Tiempos Revoltosos, es una manera ágil, abierta, documentada y sencilla de entender la realidad de esta sufrida tierra. Tres personajes imaginarios de tres representativas regiones de Venezuela, nos obsequian sus ricas experiencias de vida. Los agudos razonamientos de estos interlocutores nos transportan, a través del tiempo, por la amplia geografía nacional. Con sus fructíferas tertulias y exposiciones, nos ayudan a comprender porque llegó la gran estafa de la revolución del siglo XXI. En esta trama se abordan profundos temas como la religión, el idealismo y la filosofía. Se analiza el impacto ocasionado por los detractores de la sociedad y los factores involucrados. El nefasto caudillo, de turno, se apoyó en la perversa manipulación del lenguaje y financió el adefesio reformista con el boom petrolero del nuevo milenio.

Uno de los comentarios en Amazon de un lector satisfecho (Review)

“En esta nueva entrega Cosme nos brinda la poesía, los paisajes, los sueños, las experiencias y las posturas de tres personajes que van abordando y complementando progresivamente en sus relatos la turbulenta evolución política de nuestro país a lo largo de las últimas seis décadas. Sin duda un valioso referente contemporáneo, una invitación y un llamado a aportar lo mejor de cada uno de nosotros en la construcción de un país deseable y posible”.

A continuación se da un paseo por algunas páginas de la novela:

1. Carlos

¡Ay, caramba! exclamó María; quien era guapa, fuerte y no se amilanaba con facilidad. Eran las 10:45 de la noche del jueves 26 de septiembre de 1957. Comenzaba a llover y se escuchaban truenos presagiando un fuerte aguacero. Mi madre sintió ligeras contracciones que anunciaban mi nacimiento. Ella dijo:

-Andrés, ya se acerca el parto.

-¿Estás segura, María?

-¡Por favor, Andrés! Después de nueve alumbramientos, ya soy toda una experta en esta materia, así que nos vamos ya al hospital.

Sin mediar más palabras, María, tomó una pequeña maleta que ya tenía preparada para la ocasión. Caminaron con lentitud hasta el elevador. Al llegar a la planta baja, Andrés se adelantó a buscar el carro: era un Chrysler Plymouth Dodge Desoto año 1952, de color Azul claro y blanco. Andrés, quien era muy conservador al volante, condujo con nerviosa prisa. María le expresó con tono de autoridad:

-Tranquilízate o con el susto voy a parir en el carro.

Al llegar a la “Maternidad Concepción Palacios”, ya eran las 12:00 de la mañana. A mi madre la ingresaron de inmediato, y el médico internista le dijo a mi padre:

-La señora está en proceso de parto, y esto puede durar de dos a cinco horas. Esta señora no debe tener más hijos, es un riesgo  para su vida. Después del parto es conveniente ligarla. Diez muchachos en una mujer de 32 años era más que suficiente. Las várices en sus piernas están muy desarrolladas y le deben causar grandes molestias.

-Bueno doctor confió en su buen juicio. Proceda como usted indica. –Exclamó, papá, asustado con esas sentencias.

Él era taxista y con ese oficio debía alimentar doce bocas, incluyendo al recién nacido. Decidió sacar provecho, de ese momento, para ganar un dinero adicional. Así que salió a buscar pasajeros, mientras esperaba mi llegada al mundo…

2. Pablo

… Me llamo Pablo Herrera y nací en el año 1958 en los llanos venezolanos, como el General José Antonio Páez. Me críe en el Apure, usando alpargatas y pantalones remangados un poco por debajo de las rodillas. Mi hablar está lleno de matices, rico en refranes y expresiones populares de estos lares, cargado de comparaciones. Mi léxico es llano y frontal como mi tierra. Soy coplero, altanero y “salío pa´lante”. Me gusta el arpa, el cuatro, las maracas, el contrapunteo y andar por las sabanas cabalgando sobre mi caballo. Al joropo no lo cambio por ningún otro ritmo…

Siendo yo un estudiante del último año de bachillerato, un buen día, el cual permanece grabado en mi memoria con todos sus detalles, de repente una bella mujer cruzó por mi camino y con soltura y sin pensarlo dos veces; dije con clara voz:

-¡Qué dama tan hermosa! Con sólo verte, me siento más contento que marrano en maizal ajeno.

Ella carcajeó con un tono y una postura desafiante. No logré descifrar si era de burla, de asombro o de misteriosa satisfacción.

Luego dijo:

-Y eso ¿por qué?

-Porque usted es muy bonita señorita: es como el arpa que le da tono a mi joropo.

-¡Gua!, tú lo que eres un presumido e improvisado picaflor.

-Le ruego que no me trate con desprecio, porque no va acorde con su belleza, ni con su notable prestancia.

Luego me quedé calladito, porque mejor irse por la orilla para no caer en lo fangoso. Le dije, en tono medio avergonzado:

-Nos volveremos a ver hermosura de la llanura.

-¿Quién sabe?, el tiempo dirá.

Se marchó de repente y no me dio la oportunidad ni de preguntar por su nombre. De esa fugaz conversa salí más aporreado que pocillo e´ loco, pero como buen llanero no me arrincono y menos si la cosa es seria.

3. Luis

Nací en la ciudad de Mérida, el 24 de diciembre de 1958…. Así que soy Andino hasta los tuétanos, o como nos dicen los de Caracas, soy Gocho y con mucho orgullo. Esta tierra ha dado un considerable número de gobernantes a este país, por pendejos no será… Algunos hablan de la calidez del frío, pues nuestros hogares son austeros, serenos, de impecable orden y muy agradables…

Juan, el abuelo de Luis, era franco y divertido; parecía no tomar nada en serio, se reía hasta de él mismo. Era imposible estar con él sin carcajear de sus ilimitadas ocurrencias. Masticaba chimó y eso lo hacía escupir sin pausas.

Sus ojos hundidos y negros, y los profundos surcos en su arrugada piel delataban los años acumulados. Siempre usaba su inseparable sombrero andino. Mi abuelo era un representante auténtico del merideño venezolano.

De sus particulares bromas recuerdo la que le jugó a Pedro, un primo que vino de Caracas a visitarnos y quería ir al conocer el Pueblo de Los Nevados.

Pedro emocionado en un monólogo nos decía:

Debe ser maravilloso caminar por esas majestuosas montañas entre frailejones y piedras. El paisaje ha de ser espectacular, me imagino la estadía en esas acogedoras casas pueblerinas. Sentir la cercanía al pico Bolívar cubierto de nieve, eso me gustaría vivirlo. Pretendo conocer a sus humildes pobladores. Quiero indagar cómo se las arreglan para vivir alejados de lo que llamamos civilización. Aspiro conocer las costumbres y la filosofía de vida de esos alejados pobladores. Alguien me contó que las posadas son austeras, de impecable limpieza y esmerado orden; además me destacó la hospitalidad y el amable trato que dan a los visitantes. Siendo aquí las comidas tan sabrosas, me imagino que la de ellos deben ser muy buenas también. Ya me acostumbré a estos desayunos fuertes con: arepitas de trigo con queso, carne desmechada y caraotas.

El abuelo lo veía, mientras hablaba, con una sonrisa pícara, como esperando su turno para dar su opinión. Tan pronto Pedro terminó de hablar, replicó con su particular jocosidad:

-¿Qué va a hacer usted por allá? Déjeme que le cuente la realidad. Y arrancó con sus consejos:

¡Oiga bien! Yo en cinco minutos le digo todo lo que usted puede ver en ese olvidado caserío. El camino en burro es de cuatro horas, desde la penúltima estación del teleférico. Las sentaderas le van a quedar doliendo por tanto jamaqueo. Mire jovencito, ese pueblo es tan pequeño que la plaza Bolívar está inclinada, imagínese usted allí parado viendo el busto del Libertador. Se tiene que agarrar uno para no irse de boca. Si le gusta ir a la iglesia se debe llevar su banquillo, o quedarse parado toda la misa. Hay gente que dice que a ese templo lo hicieron así para emular un teatro, pero qué va, es que allá todo está empinado, todo está al borde del abismo. Yo viviría asustado de irme rodando por un despeñadero y venir a parar aquí a Mérida. Usted tiene que ver como se le ponen los ojos saltones a esos sacrificados y aterrados burros cuando va barranco abajo. ¡Ah! el frío, esa es otra tragedia. No importa cuántas ruanas se ponga usted encima, ni cuánto chocolate caliente o miche andino tome: siempre va estar temblando más que gelatina en autobús de pueblo. Ese refrán embustero de la calidez del frío me da mucha risa, eso es para sacarle el dinerito a la gente pendeja. ¡Hágame caso!, se lo dice un viejo resabiado…

Yendo mucho más adelante, a través del libro:

Venezuela en la miseria

Extraño mucho a la Venezuela de la abundancia.

Es inaudito que teniendo PDVSA para finales de 2013 las mayores reservas petrolíferas del mundo, estemos viviendo esta crisis humanitaria. Con una suma total certificada de 298.353 millones de barriles, lo cual representan el 20% de las reservas mundiales de este recurso. Se espera, luego contabilizar las reservas en la Faja del Orinoco, e incrementar esta cifra a un total cercano a los 316.000 millones de barriles, la mayoría de ellos correspondientes a crudo extra pesado.

Desde hacía más una década, el entonces presidente venezolano Hugo Chávez regalaba la riqueza petrolera por todo el continente e iba más allá, llegando a ofrecer gasolina subsidiada a Londres y a los pobres del noreste de Estados Unidos. Lo llegaron a llamar “Don Regalón.”

La prolongada bonanza venezolana de ese entonces tuvo impactos distintos a lo largo de la región. Todavía hoy, muchas naciones latinoamericanas temen las consecuencias del desplome de esa economía, la cual en otras épocas fue su tabla de salvación.

Es increíble que este país rico, esté pasando por una situación de necesitar urgente ayuda internacional. La salud está en una crisis escandalosa; la escasez de alimentos hace que 11,3% de la gente coma menos de dos veces al día. El salario calculado a la tasa oficial Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) de 600 Bolívares por dólar, en junio del 2016, se encuentra alrededor de 25 dólares por mes, menos de un dólar por día. Con un índice de inflación de 207%, en el año 2015. Resulta tan lamentable, como doloroso que estas cifras nos ubiquen en los peores lugares del mundo.

En temas de seguridad, al cierre del año 2015, la tasa de homicidios de Venezuela alcanzó la nada alentadora cifra histórica de 90 homicidios por cada 100 mil habitantes. De acuerdo al informe del observatorio venezolano de violencia, este número representa la astronómica cifra de 27.875 muertes violentas, ocurridas el año pasado.

A este gobierno le cayeron todas las plagas de Egipto. Les salieron muy mal todos sus ensayos improvisados…

Estas líneas son un extracto del contenido de la obra, si te ha gustado este brusco recorrido, te invito a adquirirla través de este enlace:

Cosme G Rojas Díaz

07 de octubre de 2020

Twitter e Instagram @cosmerojas

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.