Archivo por meses: junio 2019

El Socialismo del Siglo XXI y la destrucción de Venezuela

Por sus frutos los conoceréis  (Mt. 7.15-20)

A pesar de tener el país las reservas petroleras más grandes del mundo, Venezuela está sumida en una espiral destructiva. Esta situación es el legado del difunto Teniente Coronel Hugo Chávez. Este charlatán cabalgó sobre el deterioro político de la era democrática de Venezuela. Vino a destruir y cumplió su sueño. En eso fue claro desde el principio de su soez campaña electoral de 1998, cuando amenazaba con freír cabezas. Él fue el arquitecto y ejecutor del colapso, al cual se refiere la pregunta. Es importante destacar que la inflación al cierre de 2018 superó el millón por ciento.

Chávez intentó derrocar, en el año 1992 por las armas, al gobierno Constitucional de Carlos Andrés Pérez. En ese ensayo fracasó. En esa época, el país reclamaba un cambio. Luego intentó llegar al poder por los votos y el pueblo escogió a esta especie de justiciero con estilo de Robin Hood moderno. Pocos advirtieron que se trataba de un Caballo de Troya. Si una cosa sabía hacer bien Chávez era hablar lo que la gente quería oír. Encontró una audiencia hambrienta de populismo y harta de corrupción. Desde su rol de presidente, pasaba horas moviendo la lengua sin control en cadena nacional, contando chistes tontos y maldiciendo al adversario de turno. Un día les tocaba el turno a los jerarcas de la Iglesia Católica, otro a G. Bush, J. M. Aznar, A. Uribe, a cualquier empresario, en fin la lista era interminable. Usaba un lenguaje vergonzoso en boca de cualquier ser humano y él lo hacía desde la jefatura de la república. Sobran los ejemplos y basta con escribir “ofensas de Chávez” en cualquier buscador de Internet y aparecerá material para revisar por horas. Ofendía sin la menor muestra de sensibilidad y respeto hacia personas fallecidas. Humillaba públicamente hasta a sus adulantes colaboradores.

Este devastador gobernante cumplió con sus perversas promesas y arrasó con todo a su paso. Destruyó el aparato productivo. Aquel deseo por freír cabezas lo ejecutaba emulando a una manada de langostas voraces. A su paso quedaba el desierto y la desolación. Comenzó su desmantelamiento desde el día de su juramentación, exclamando ante el antiguo congreso de la república “Juro ante esta moribunda constitución…” Irrespetó al presidente saliente Rafael Caldera y a la república. Se enfocó en desmontar la institucionalidad cambiando el nombre a diestra y siniestra a los organismos a su total antojo. Logró imponer una nueva constitución a la cual él mismo se refería posteriormente como “La Bicha”. Fue más que un irreverente, un irresponsable, un resentido y un obsesionado movido por la venganza. El problema de Chávez no se detenía en su incontinencia verbal, se proyectaba con sus demoledoras decisiones contra todo lo que estuviera ligado al bienestar, al mérito, al decoro, a la moral y al progreso. Era una máquina multiplicadora de odio. Sabía cómo mover las bajas pasiones de las masas.

Se apropió de la principal empresa del país PDVSA, despidió a más de veinte mil empleados por estar apegados al paro cívico nacional del año 2001. Este hecho merece un análisis aparte. Nacionalizó a eficientes empresas de los sectores de mayor relevancia e impacto en el desarrollo nacional: la principal empresa de telecomunicaciones (CANTV), las otrora orgullosas empresas del sector eléctrico, las empresas básicas del sector minero, siguió con los grandes productores de alimentos y pare usted de contar. A la vuela de pocos años todas esas compañías se convirtieron en chatarras con el agravante del colosal incremento de las nóminas improductivas. Un día cualquiera en transmisión en cadena ordenaba “Expropiar”, equivalente a robar cualquier propiedad privada. Esto lo hizo con particulares, con empresas nacionales y extranjeras dando lugar a múltiples litigios internacionales. A nivel nacional nadie perdía su tiempo en estos inútiles pleitos.

Durante algunos años el país continúo viviendo de los inmensos recursos petroleros y de la inercia de su producción. En el caso de PDVSA, luego de la expulsión de los más de veinte mil empleados, la nómina pasó de aproximadamente cuarenta mil empleados a unos ciento veinte mil.

Ocurrió lo obvio. La producción fue cayendo de manera sostenida, por la impericia gerencial y técnica, por la pérdida de los procesos y por la falta de mantenimiento. En el año 1998 PDVSA producía más de tres millones de barriles diarios de petróleo y a finales de 2018 aproximadamente un millón de barriles diarios y en acelerada caída. Además se incrementaron, de manera escandalosa, los accidentes laborales.

Mientras esto ocurría los fanáticos gritaban estúpidas consignas “Así, así, así es que se gobierna…” Cuando en realidad el país era conducido al despeñadero. En todos los sectores la situación era de similar alarma. Los requisitos para formar parte del régimen no eran el mérito y la probidad sino la incondicional lealtad a la revolución.

PDVSA que fue la principal empresa del país, generadora de ingresos y de capacidad de gerencia, otrora icono y orgullo nacional: quedó totalmente destruida. Las empresas básicas de Guayana, representaban en gran medida “la siembra del petróleo, por años estuvieron generando y multiplicando el desarrollo nacional. Se invirtió, en colosales infraestructuras, para producir hierro, aluminio y otros minerales. Se destinaron enormes esfuerzos y cuantiosos recursos en el estado Bolívar. Cuando la nación comenzaba a ver los frutos de esos ambiciosos planes, Chávez las nacionalizó. Hoy día esas enormes infraestructuras están improductivas y con inmensa cantidad de empleados ociosos. Es triste pero es la realidad. La generación eléctrica de las fabulosas represas del sur del país, aunadas al excelente sistema interconectado nacional, permitían exportar energía a Colombia y a Brasil. La falta de inversión, la mediocridad en la gestión y la insaciable corrupción; desencadenaron la parálisis de la generación y los desastres en la distribución de la energía eléctrica. El aparato productivo nacional fue arrasado y aniquilado por las expropiaciones. Ahora somos más dependientes que nunca de la economía de puertos. Los nuevos “amos del valle”, son los corruptos que se auto asignaron los dólares preferenciales. Hasta aquella expresión de la abundancia criolla, “Hay como Arroz”, perdió sentido.

Con la muerte de Chávez nos quedó su heredero Nicolas Maduro, quien se ha encargado de acelerar el desastre descrito y de profundizar la tiranía.

Pasamos de ser el país democrático a ser un estado fallido, de ser unos de los más ricos y próspero de Latinoamérica, a ocupar el último lugar, en muchos renglones. Saltamos de ser un paraíso para muchos inmigrantes de todos los continentes, a una población que huye despavorida a cualquier destino. Las consecuencias de la debacle gritan, con elocuencia, la inmensa caída del poder adquisitivo y de la calidad de vida de los venezolanos.

Mucho de nuestros jóvenes universitarios, sólo piensan a cual país se mudarán cuando se gradúen. La clase media prácticamente ha desaparecido y las clases pobres sobreviven comiendo de las bolsas de la basura, compitiendo con los perros callejeros. Esta es la verdad. Esta es la realidad. Lo que cacarean los privilegiados que están en el gobierno es cinismo e indolencia.

Usted como lector preguntará y el país se quedó quieto mientras esto ocurría, pues la respuesta es ¡no! Durante estos veinte años no ha habido paz en la nación. La riña ha sido muy dura. El país sigue en pie de lucha contra el castro chavismo que bastantes vidas se ha llevado; pero este es tema para otro artículo.

Cosme G Rojas D

Twitter e Instagram @cosmerojas3

______________

Glosario

Los Amos del Valle es una obra del escritor venezolano Francisco Herrera Luque

Hay como Arroz Expresión venezolana con la cual se solía describir la abundancia

PDVSA Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima

CANTV Compañía Telefónica Nacional

Cadena Nacional (transmisión obligada a todas las redes de televisas y de radiodifusión)

Siembra del Petróleo: Artículo del doctor Arturo Uslar Pietri, publicado originalmente el 14 de julio de 1936, en el diario caraqueño “Ahora”.

En “Venezuela Indomable Tiempos Revoltosos”, puedes encontrar una explicación más profunda y detallada relacionada con este tema.

Este artículo fue escrito y publicado el 11/01/2019, como respuesta a la siguiente pregunta en la plataforma www.quora.com:

¿Por qué la economía venezolana está pasando por un mal momento, a pesar de tener el país las reservas petroleras más grandes del mundo? Para publicarlo en este blog le cambié el título.

Del caos y del orden

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad;- Génesis, 1 1.»

El caos es desolación y tinieblas. Bajo el caos no hay posibilidad de que nada retoñe. El orden por el contrario establece las bases para todo cuanto existe. El orden es hijo del amor. Bajo el imperio del orden destaca la belleza, se forman las conexiones y las leyes para la convivencia; haciendo posible la maravilla de la creación.

Un domingo cualquiera un niño se distrae en una soleada playa. En la orilla se dispone a construir un castillo de arenas. El pequeño imagina, proyecta y con sus manitos comienza a dar forma al palacio que se anticipó en su mente inquieta. Con cuidadoso esmero va levantando aquella estructura. En su alucinación percibe los personajes que han de habitar el recién construido palacio. Rey, reina, cortesanos, guardianes y servidumbre; todos tienen sus tareas y su vida dentro de aquel recinto. El trabajo está listo. Lo invade el gozo conectado con aquel incipiente micro mundo. De repente, una intrépida ola  se alza sobre el fruto de su trabajo y en un instante lo destruye. De manera instantánea desaparecen el castillo y todos los habitantes de aquella quimera. ¿El caos ha reinado sobre el orden?… Desde la perspectiva del niño seguramente es así; pero revisando desde un mandato superior, cabe preguntarse ¿es acaso el vaivén de las olas producto del caos?… ¡Desde luego que no! La danza de las olas cumplen un propósito, más allá de lo encantador, de que nada este tranquilo.

Así como un niño construye un efímero sueño, los adultos también solemos proyectar sobre bases fugases. De manera que, nuestro entendimiento del orden es limitado y por ende, en ocasiones, puede estar reñido con la inexorable armonía de las leyes naturales. Como en el caso del castillo de arenas algunas ideas y planes pueden cumplir una intención, aún si son transitorios. Esto no lleva a reflexionar sobre la necesidad de darnos cuenta de la trascendencia de nuestros actos y omisiones.

No debemos perder de vista que existe un orden mayor: el del Creador. Es decir debemos ser rigurosos con nuestras intenciones para discernir entre el orden y el caos. En otras palabras requerimos mantener el ojo avizor para no generar anarquía; para no ser engañados por una falsa prosperidad. Se trata de un tema ético: el de procurar progresos responsables, que estén en conformidad con el bienestar humano sustentable. Y nunca apartarnos del mandato según el cual: para crear fuimos creados.

La humanidad ha actuado dando la espalda a los valores básicos, mientras atropellamos al sentido común. Hemos constituido una sociedad necia, una sociedad suicida; que planea y cimienta sin compromiso y sin prestar atención a la fragilidad de nuestro planeta: es decir de nuestro hogar. Muchos de los productos de nuestras mentes y manos se han convertido en chatarras inútiles. En la obsesiva búsqueda de la riqueza inmediata, generamos bienes y servicios desechables o de pésima calidad. Hasta establecemos acuerdos de obsolescencia programada. ¡Qué disparate! La voracidad del aparato lucrativo deja  a su paso, basura, contaminación y algunos bolsillos llenos de dinero mal ganado. El perverso afán por alcanzar la fortuna a cualquier costo; combinado con la cobarde actitud de claudicar ante el confort desmedido y paralizador; terminan por romper la balanza del orden. Hemos caído en un ciclo vicioso generador de caos. Consumimos con frenesí, mientras generamos toneladas de desperdicios y de problemas.

En nuestra condición de humanos fuimos provistos del más sublime de los sentimientos: el amor. Con este origen tenemos suficiente para ser honestos observadores y generadores del orden. Estamos dotados con los talentos necesarios para hacer las cosas bien. No hay excusas para mantener esta trampa, de autodestrucción.

La mediocridad no forma parte, ni está en los planes, de nuestra esencia; ni de nuestra misión. No debemos continuar atentando contra el propósito del Creador y por ende contra nuestra propia existencia. Estamos llamados a ser seres de luz, no de oscuridad.

Cosme G. Rojas D.

@cosmerojas3

2 de junio de 2019