Archivo por meses: mayo 2019

Del conversatorio Cuentos de Galería

Una buena idea nace de la manera menos esperada. Puede surgir estimulada por alguna amena conversación, por la observación, en la escucha, en la percepción de alguna situación y hasta de un sueño. Las ideas son como chispas muy frágiles que pueden provocar grandes efectos o se pueden apagar por descuido.

Un día común hablando con una amiga, me sugirió realizar un conversatorio de mis aventuras en la escritura. Me mencionó que una amiga suya era la dueña de un sitio ideal para realizar este plan. Se trataba de Tribus Café Cultural, un excelente lugar para combinar la magia de un aromático y gustoso café con el deleite por las letras. Nos gustó la idea y trabajamos, para planificar el evento. Lo  proyectamos y lo bautizamos “Cuentos de Galería”.

El domingo 19 de mayo de 2019 realizamos el conversatorio. Allí nos paseamos por mis experiencias en el fascinante mundo de la escritura. Enfoqué la tertulia en dar respuestas a las preguntas frecuentes que se le hacen a quien escribe ¿De dónde te viene eso de escribir? ¿Cómo es eso de la musa? ¿Qué te inspira? ¿Cómo organizas las escrituras? ¿Cómo te las arreglas para publicar? ¿Qué formatos usar digitales o físicos?…

Seguidamente el evento entró en una fase más interactiva. Se abrió una sección de preguntas y comentarios. Luego se seleccionaron y se leyeron cuatro relatos del libro “Relatos cortos del camino” y se obsequió, con dedicatoria incluida, un  ejemplar a uno de los lectores.

El resultado fue muy satisfactorio y superó nuestras expectativas, en cuanto al número y al entusiasmo de los invitados. Agradezco de todo corazón a todos quienes me animaron, a quienes me acompañaron y a todos quienes estaban pendientes de esta experiencia.

Cosme G Rojas D

@cosmerojas3 @tribuscafecultural

25 de mayo de 2019

Enredos de aeropuertos

Transcurría el jueves 26 de enero de 2013, en Dallas Texas, finalizaba una jornada de entrenamiento y me disponía a regresar a Venezuela. Debía tomar un vuelo saliendo desde el aeropuerto de Dallas a las 2:00 p.m. con rumbo a  Atlanta, luego desde allí tenía conexión hasta el aeropuerto de Maiquetía, que le da servicio a la ciudad de Caracas. Ese mismo día algunos compañeros del curso habían planificado un paseo para el Museo de Kennedy  lamentablemente me lo iba a perder, pues la hora de regreso al hotel estaba muy próxima a mi salida y no quería correr el riesgo de perder el vuelo.

Salí del hotel en Dallas hacia el aeropuerto con tres horas de anticipación y al proceder con el registro comenzó mi extraña aventura.

Me tocó el turno en la taquilla de atención y de acuerdo al procedimiento me dicen:

  • Buenos días señor, hacia donde se dirige.
  • Mi destino es Caracas Venezuela, con escala en Atlanta.
  • Señor todos los vuelos hacia Atlanta están cancelados, por una fuerte nevada, ese aeropuerto está cerrado hasta nuevo aviso.
  • ¿Cómo? y entonces ¿qué alternativa me ofrece?
  • Le recomiendo que re programe su regreso para el lunes de la próxima semana; los pronósticos del tiempo predicen que por lo menos hasta el domingo persistirá esta situación.
  • Eso de quedarme unos días más no está dentro de mis planes y tengo compromisos que atender.
  • ¿Quién pagaría por mi estadía durante esos días extras?
  • En eso no lo puedo ayudar, la aerolínea no es responsable del mal tiempo, se trata de un caso fortuito.
  • Seguramente usted me puede ofrecer otra opción, para llegar a Maiquetía, a través de otras conexiones.
  • No es posible, los sistemas están colapsados.
  • Enseguida llamó al próximo pasajero, con tono cortante, diciendo “Next”.
  • Un momento usted debe ayudarme. No puede dejarme desatendido.
  • Lo siento señor, lo mejor que le puedo recomendar es que venga mañana a partir de las 4:00 a.m.  a ver si tiene suerte y le podamos conseguir una ruta hacia Caracas.

Frustrado y confundido, procedí a llamar a mis compañeros que aún permanecían en el hotel y ellos me apoyaron en reservar la habitación por una noche más. De regreso al hotel sin pensarlo mucho dejé las maletas y tomé un taxi para el Museo Kennedy. No quería perder la oportunidad de visitar este emblemático e histórico lugar; este es otro interesante relato que requiere especial atención.

De nuevo en el hotel me dediqué a ver las noticias para entender la situación. Efectivamente los reportes de Atlanta eran la gran noticia de todos los canales informativos, abundaban los detalles de lo que estaba ocurriendo. En la televisión los periodistas comentaban que hacían más de 50 años que no se presentaba una nevada importante en Atlanta. Esa ciudad no estaba preparada para afrontar esta situación y la reacción era lenta, estaban recibiendo apoyo de otros estados de ese poderoso país. Las personas dejaban estacionado sus vehículos en plena autopista y caminaban a los locales comerciales para refugiarse del frio. Reinaba un caos total.

A las 4:30 a.m. del día viernes 27 de enero me dirigí de nuevo al aeropuerto, a ver si corría con suerte de conseguir como llegar a Caracas. Me recibieron de manera amable y me ubicaron en una ruta peliaguda: Dallas – Detroit- Atlanta – Maiquetía. Tomaron mi maleta y me entregaron los pases de abordaje. No entendí el porqué de semejante enredo, pero no discutí por temor a quedarme sin opciones. Es importante destacar que el Aeropuerto Internacional de Dallas-Fort Worth es el tercer aeropuerto más ocupado del mundo en términos de operaciones aéreas, mientras el de Atlanta es el segundo más transitado del mundo por tráfico de pasajeros después del aeropuerto de Londres-Heathrow, pero además el primero por aterrizajes y despegues. En ese intrincado mapa estaba trazado mi itinerario. Dos monstruos de aeropuertos, inmensos, complejos y con una interacción de elevados movimientos de personas y conexiones.

Me dirigí a la puerta de embarque con destino a Detroit, me posé en una cómoda poltrona y me adormité. Habían transcurrido unos 30 minutos de espera y me despertó un llamado por los parlantes:

  • Atención señores pasajeros “se anuncia que el vuelo número 070 con destino a Detroit, tendrá un retraso de dos horas en su salida”.

Tuve una mala corazonada y enseguida revisé mi ajustado itinerario; efectivamente ese cambio echaba todo a perder. Perdería la conexión de Detroit a Atlanta. Me dirigí nuevamente a la taquilla de confirmación de vuelos. La señora que me atendió, me dijo bruscamente:

  • Estos pases ya no funcionan.

Y los rompió. Me quedé absorto  y reclamé:

  • Entonces, ¿cómo me van ayudar?
  • Lo lamento señor no hay posibilidades de vuelo hacia Atlanta hasta el próximo martes.
  • Llamé el lunes después de mediodía para que le sea asignado un vuelo.
  • ¡Esto es inaudito!
  • Ya le expliqué señor, lo lamento. Y enseguida pronunció la odiosa sentencia: “Next”
  • Le dije un momento ¿Está segura que no hay ningún vuelo para Atlanta?
  • Sólo hay uno, sale a las 12:30 p.m. pero está sobrevendido.
  • Bueno colóqueme en lista de espera.
  • No puedo hacer eso, pero si usted quiere correr el riesgo diríjase a la puerta de embarque y consulte allí, pero le anticipo hay varias personas en su misma situación.

Me dirigí a la taquilla del vuelo:

  • Buenos días señor ¿En qué le podemos ayudar?
  • Buenos días deseo ser incluido en la lista de espera, para el vuelo con destino a Atlanta.
  • Señor ese vuelo está completamente lleno y tenemos 8 personas por delante de usted.
  • Bueno por favor inclúyame como el noveno.

Por fin después de tanto esperar anuncian la salida del vuelo y llaman a los pasajeros a abordar por orden de filas. Veinte minutos después comienzan a llamar de manera insistente a cuatro pasajeros que faltaban para llenar el avión, con sus nombres y apellidos, y repiten este procedimiento por tres ocasiones.

  • Último llamado para abordar al Señor Jhon Pereira.
  • Como el señor Pereira no está.
  • Se anuncia la llamada al primero pasajero en lista de espera y escuché el nombre de una afortunada dama.

Ella lucía como una típica norteamericana. Se levantó de su asiento, como activada por un resorte,  y gritó “yes”, mientras movía su antebrazo derecho hacia su tronco con el codo flexionado. Parecía tan emocionada por abordar el vuelo, que cualquiera pensaría que se había ganado un premio millonario.

Continúa el proceso:

  • Último llamado para abordar el vuelo 040 con destino a Atlanta al Señor Robert Black.

Como no se presentó:

Llamaron al segundo de la lista de espera y enseguida se presentó. Mi angustia crecía. Al llegar la última posibilidad que me quedaba me fluía adrenalina pura. Llamaron a la cuarta persona de la lista de espera y estaba a unos pasos de la taquilla, atenta e impaciente para subir a la aeronave. Durante unos pocos segundos me sentí derrotado. Bajé la cabeza y pensé no todas se pueden ganar; pero enseguida me repuse y me dije: si he de perder la oportunidad que no sea por desistir.

Mientras tomaba nuevo aliento, anuncian en los parlantes que el vuelo había sido cerrado.

Aún así me dirigí a la taquilla y le comenté mi atropellada aventura a la señora que se disponía a cerrar la puerta del puente de embarque. Aquella cara impávida, me revelaba que  no me estaba prestando atención, levantó la mirada por encima de los lentes y me refutó con autoridad:

  • Señor usted no escuchó: “el vuelo ha sido ce-rra-do”.

Se estaba dando vuelta para terminar la conversación, cuando le respondí con el más conciliador tono que me fue posible:

  • Sólo le pido que por favor revise en el sistema lo que ha ocurrido con mi caso, mientras le entregaba mi pasaporte.

Con marcado desgano tomó mi pasaporte; ingresó mis datos y para mi sorpresa la vi estremecer la cabeza, seguía tecleando y su asombro crecía. Luego exclamó:

  • ¿Quién ha hecho este desastre de itinerario?
  • Lamento decirle que algún compañero suyo.

Frunció el entrecejo con la vista fija en la pantalla, mientras seguía pulsando las teclas con gran velocidad y observaba los resultados arrojados por el terminal. Permanecí mudo, para no entorpecer, y con la esperanza de que me dijera algo. Luego de unos minutos, que me parecieron horas, me preguntó:

  • ¿Usted está listo para abordar de inmediatamente el avión?
  • Por supuesto que sí, aquí traigo mi equipaje de mano.
  • La cabina está completamente llena y no cabe más nada, pero se lo puedo enviar por equipaje de bodega y usted lo retirará directamente en Maiquetía.
  • Perfecto, pero escuche estoy preocupado por la maleta que entregué esta mañana, no sé cuál será su paradero y me pregunto ¿Me llegará a Maiquetía?
  • No se preocupe eso ya está resuelto. Usted tranquilícese y venga conmigo, apúrese.

Al fin todo parecía solucionado. Comenzaba a caminar hacia el puente que comunica con la aeronave Cuando de repente apareció gritando una persona, quien se identificó como Robert Black. Mostró su tiquete y reclamó para que lo abordaran. La respuesta fue contundente lo siento señor Black:

  •  El vuelo ya fue cerrado.

Acto seguido la operadora me dijo:

  •  Siga adelante, usted ya está registrado en el vuelo.

Justo en la puerta del avión la señora, que con diligencia había resuelto mi situación, me detuvo un instante y  me dijo quiero presentarle a una persona. Yo seguía estupefacto y ella me preguntó:

  • ¿Usted tiene idea de quién es este caballero?

Le respondí:

  • No tengo la menor pista de quien pueda ser, pero me da mucho gusto conocerle.

Y seguidamente le estreché la mano al caballero.

  • Pues es uno de nuestros excelentes pilotos; él tenía previsto tomar este vuelo y nos informó, hace unos minutos, que se le presentó un imprevisto y por lo tanto no volaría hoy para Atlanta. Es decir usted va a ocupar su puesto en el avión. De manera que es a él a quien debe agradecer su repentino cupo.

Un tanto relajado bromeé:

  • ¿Cómo?, ¿acaso voy  a volar en la cabina del piloto?
  • Mi licencia de conducir es de tercera y no creo que sirva para mover estos artefactos.
  • No, usted se va para la última fila del avión.
  • ¡Ah, ok!

Caminé hasta el final del pasillo hasta el último puesto en la ventana y me sentía aún acelerado pero satisfecho. En realidad tuve otra serie de contratiempos antes de llegar a Maiquetía pero nada comparado con estos episodios.

Luego de pasado el agite de esta experiencia de viaje, seguí convencido de que viajar es vivir. No es sólo por el someterse al contraste con otras culturas, sino además por la oportunidad de salir de la zona de confort.

No te rindas, porque a veces no se sabe que tan cerca se puede estar de alcanzar la meta.

Cosme G. Rojas D.

Mayo de 2019

Twitter cosmerojas3