¿Por qué tendríamos que salir de la zona de confort?

Porque siempre se puede estar mejor. Y estar mejor es permanecer en movimiento y captar cada detalle del camino. Porque la vida es mucho más que confort. Porque quien se rinde ante el confort renuncia a las maravillas detrás de la exploración.

Sentirnos en la zona de confort, es experimentar que se ha alcanzado la meta. Esa sensación hace tan apetecible y hasta peligroso a ese estatus. Los seres humanos somos conscientes de nuestra existencia, de nuestro entorno y de nuestras capacidades para moldearlo. La vida es un camino por descubrir, lleno de sorpresas en sus variopintos tramos. El confort representa las estaciones placenteras para el descanso, la higiene, la recreación; propicias para planear los próximos derroteros.

La vida no es solo sosiego, la adrenalina y la aventura le imprimen la energía para movernos en sintonía con el universo. El entusiasmo es el combustible requerido durante toda la travesía.

Lo meta no debe ser vista con la obsesión por llegar a algún sitio, pues la vida está en cada momento, en cada instante, en las turbulencias constantes que nos rodean. En cada paso dado hay un pedazo de vida, y no hay vuelta atrás, en cada situación se oculta un derrotero o una recompensa. En el transcurso hacia la cima hay muchos tesoros imperceptibles, para muchos.

Disfrutar a plenitud de la zona de confort es nutritivo, pero permanecer en ella es claudicar a la vida.

Twitter e Instagram @cosmerojas3

03-11-2018

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