Archivo por meses: noviembre 2018

¿Cómo es la vida día a día en Venezuela?

Un día en Venezuela dependerá de la región, el sitio específico donde se viva y de la condición socioeconómica de quien la viva. Sin embargo para todos los estratos el impacto de la devastadora tiranía es de grandes dimensiones.

Voy a narrar la manera cómo escucho a diario, a algunas personas de los sectores populares, que son los más afectados. Seguramente en el interior del país la situación es aún más dramática.

Para una persona que reside en un barrio popular de Caracas el día comienza a las 5:00 de la mañana. Se levanta revisa si tiene electricidad, luego si hay agua, se asea y se alista para ir al trabajo. Hurga en los estantes de la cocina a ver si quedó algo de café, masa para las arepas o un pedazo de pan. Luego valida si aún hay azúcar. En un día con suerte puede que le alcance para preparar unas pequeñas tazas de ese estimulante brebaje y quizás consiga algo para rellenar una arepa. Se alista para la aventura bajando por las oscuras e irregulares escaleras de su barriada, ligando no tropezar con algún delincuente amanecido. Camina hasta la estación del metro más cercana o hasta la parada de minibuses. Respira hondo mientras se prepara psicológicamente para el duro forcejeo que le espera. Al llegar a la estación del metro serán entre la 6:30 y 6:45 a.m. Se encuentra que la estación está completamente llena y para variar hay retrasos en los trenes. Las excusas, las mismas de siempre, van desde avería de algún tren, alguien se suicidó lanzándose a las vías férreas o fallas operativas (nadie sabe qué es eso, pero es como cuando vas al banco y te dicen que no hay línea). Entrar en el vagón del tren, es una batalla campal casi de subsistencia; si logras abordar debes revisar que aún conserves tus pertenencias. Si viajas con niños o ancianos los riesgos se multiplican y no se te ocurra llevar más allá de lo estrictamente necesario, de lo contrario la exposición a que seas objeto de atraco se verán incrementadas. Luego de una hora promedio de viaje (sin aire acondicionado, en total hacinamiento y fuertes jamaqueos) prepárate para salir del tren, con el mismo coraje y previsiones que tomaste al abordarlo. Nadie estará pendiente ni capacitado para socorrerte. Así que solo dependes de tu sentido común y de la buena suerte.

Llegas al edificio de la oficina, en este caso un piso 10. Muy probablemente debas hacer fila (en Venezuela decimos hacer cola), para abordar el elevador. Si eres muy impaciente o la cola es muy larga quizás optes por tomar las escaleras. Al fin estás en la oficina, se supone que tu hora de entrada es a las 8:00 a.m., pero otra vez llegaste veinte o treinta minutos tarde. Tu jefe te mira y mira el reloj; bajas la cabeza y caminas, ya estresado, a tu lugar. Con todo el ajetreo no has tomado tu desayuno, eso te incrementa la presión, y en cinco minutos te tragas tu arepita. Ya son las 8:45 a.m. A media mañana te enteras, por un mensaje de whatsapp, que llegó un producto básico al supermercado más cercano y con un disimulo burdo sale la gente de la oficina a tratar de conseguir los alimentos necesarios. La apariencia, higiene y escasa iluminación del comercio de víveres causa depresión y angustia. Hileras de estantes y neveras completamente vacías; y anaqueles con productos inútiles y repetidos, para dar sensación de abastecimiento. Es necesario conservar el foco, es preciso moverse de prisa al lugar exacto donde está la mercancía buscada, antes de que se acabé. Muchos corren y atropellan, a su paso, a quien sea. Es muy probable que te reciban con una sorpresa, cómo ¿cuál es el último número de tu cédula?, a ver si te corresponde comprar y restringen las cantidades “asignadas” por personas. Te puede tocar la sorpresa de que no tienes derecho a comprar ese día y perdiste tu esfuerzo, toca manejar la frustración. Si lograste tomar los productos, debes apurarte para ir a la cola de la caja, pues seguramente los puntos de ventas (POS) estarán lentos y comienza otro viacrucis y a rogar que no falle la electricidad o la misteriosa línea. Regresas agitado a la oficina y tu jefe te vuelve a ver de manera inquisidora, ya estás hastiado y hasta resteado y por eso no le paras; él se te acerca y te pregunta cómo te fue con las compras, a ver si puede hacer lo mismo.

Llega la hora de almorzar, en estos tiempos ya nadie puede darse el lujo de comer en la calle. Todos, desde gerentes hasta los obreros, llevan la comida de su casa. Es necesario hacer otra cola más para calentar los alimentos, en los pocos hornos de microondas que aún funcionan; pues cada vez se reduce el número de estos artefactos debido a las fallas eléctricas y al excesivo uso. La reposición y reparación de equipos es otra historia.

Si falla la conexión de Internet en la oficina, se ve afectada la labor y algunos aprovechan a ver si en la farmacia se consigue algún medicamento para un familiar. Es casi seguro regresar con las manos vacías. Esta situación es angustiante. Algunas personas padecen enfermedades crónicas, o su salud y hasta su vida depende de ciertas medicinas. Las respuestas más frecuentes de las personas que atienden las farmacias, ante los desesperados usuarios, son: no hay, no sé cuándo nos llega, pregunte en tal o cual sitio.

Cuando se acerca la hora del retorno a casa  es necesario validar por las redes sociales cómo está el metro, o las vías a esa hora, a veces es imperativo salir antes de la hora. Generalmente en las empresas la hora de salida es a las 5:00 p.m., las complicaciones del viaje de regreso son muy similares a las de la ida, sólo que ahora ya estás cansado y se aproxima la peligrosa noche. Llegar a casa puede oscilar entre las 6:45 y 7:30 p.m. Casi todas las personas evitan las paradas intermedias, de regreso a sus moradas.

Ya en “el dulce hogar” te espera la calamidad de ver las dispensas vacías, no ha llegado el agua o se fue la electricidad. Caso muy común es que llegue el agua por media hora, se debe llenar envases, lavar los platos, tomar una ducha, llenar lavadoras, ollas y todo cuanto sea posible en esa carrera contra el tiempo. Si en casa hay niños o adultos mayores, la situación es más complicada. Si se enciende la TV se corre el espantoso riesgo de ver al dictador hablando sandeces en un lenguaje soez. Ya saben, culpando a Trump, a la UE, a Almagro, a Uribe, a Bolsonaro, a Macri a los “oposicionistas apátridas” y hasta al mismísimo Cristóbal Colón de tener una guerra económica contra la “patria”. Mientras esto ocurre, en un día corriente, la guagua sigue en reversa  y a toda marcha rumbo al precipicio. Así que para terminar el día es mejor irse a la cama y tomar fuerzas para seguir aguantando esta pela.

Cosme G Rojas D

30 de noviembre de 2018

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El perdón y el olvido

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No es lo mismo perdonar que olvidar. Perdonar es una decisión gobernada desde el amor. Olvidar es una opción desde la razón.

Perdonar es liberarse de las fuerzas opresoras del odio. Se perdona por amor, por amor propio y por amor al ser perdonado. Olvidar es borrar de nuestra mente alguna idea o experiencia.

El perdón genera muchos beneficios para quien lo practica. Quien perdona se hace más humano. El olvido es opcional, cuando se le ha quitado relevancia a una amarga experiencia o cuando ya se ha resarcido el daño.

Con la intención de ahondar en el tema haré tres preguntas básicas:

¿Se puede perdonar sin olvidar? Pienso que si es posible y hasta puede ser útil si se requiere mantener y recordar la lección aprendida, para uno  y para la sociedad. Perdonar no implica aprobar una mala acción. Se puede invocar la falla para evitar repetirla, para advertir sobre sus consecuencias y sin reprochar a quien ya ha saldado la culpa. Sin embargo es preciso tener una postura honesta, recordar el amargo adagio de: “Perdono, pero no olvido”. El perdón sincero mora en el corazón. El perdón verdadero se reconoce porque al recordar ya no hay dolor.

La segunda pregunta. ¿Se puede olvidar sin perdonar? Dice un refrán popular que “el tiempo lo cura todo”. No creo en ese decir. El tiempo es inocuo, solo transcurre inexorablemente. Es distinto pensar que las emociones pueden perder intensidad a través del tiempo. El transcurrir del tiempo y el olvido no necesariamente conlleva al perdón. Puede ocurrir que con el paso del tiempo se absuelva de culpa a alguien, se aclare y se olvide el asunto. Sin embargo es importante mencionar eso de “sacar los trapitos al sol”: esas especies de zancadillas sorpresivas. Si alguna afrenta se olvida puede ser porque no tenía mayor importancia; pero si se evoca para causar dolor, el olvido temporal subyace o duerme para convertirse en reconcomio.

Esto nos lleva a la tercera interrogante. ¿Cómo saber si realmente se ha perdonado? Quizás ayude formular la misma pregunta de otra manera ¿Cómo saber cuándo pasar la página? Seguir adelante suele ser lo correcto; pero es necesario asimilar el contenido antes de dar el próximo paso. Si el dolor revive con el recuerdo es un síntoma de que la herida no ha sido sanada, y se debe volver a aquella página que una vez se pasó de manera inoportuna. Un proceso que no se  ejecuta respetando sus fases, no puede darse por cerrado. El perdón auténtico se da desde el amor. La acción de perdonar requiere valentía, honestidad y serenidad. No se trata de un esfuerzo vano, sino de un proceso serio y profundo de sanación. Cuando hay perdón firme, también hay lecciones aprendidas. Si has perdonado lo sabrás porque aquello que te causó dolor ya no te afecta ni te afectará más: podrás afrontarlo y recordarlo sin rencor.

La historia de la humanidad está llena de aparentes arrepentimientos y de heridas mal curadas. El rencor es un sentimiento hostil que muchas veces se viste de falso perdón. El rencor, es una dolorosa carga que puede atormentar durante toda una vida. El falso perdón es como un cadáver insepulto: maloliente y amenazante.

“El que es incapaz de perdonar es incapaz de amar” – Martin Luther King

Cosme G. Rojas D.

17 de noviembre de 2018

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¿Cómo se recupera Venezuela de su lamentable situación?

Construyendo ideas

El paso más importante para resolver un problema es entenderlo. Es necesario comenzar por formular las preguntas correctas. No basta con cuestionar hay que hacerlo bien. A manera de ejemplo; si a uno le ocurre algo que no le es favorable podría preguntarse. ¿Por qué me ocurre a mí?, una duda muy distinta podría ser ¿Para qué me ocurre esto a mí?

Antes de la explotación petrolera Venezuela era una nación rural, muy pobre, despoblada, desintegrada y que vivía de los cultivos de café y del cacao. El país estuvo gobernado por férreas dictaduras hasta la muerte de Juan Vicente Gómez. Desde la entrada en producción del Zumaque I, el 31 de julio de 1914, comenzaron a funcionar las grandes corporaciones petroleras y desde entonces el país, en pocas décadas, pasó a ser un país urbano; con un pujante crecimiento en lo económico y en lo social. La muerte de Gómez marcó un hito clave en su historia contemporánea. La etapa de transición estuvo liderada por Eleazar López Contreras, quien abrió paso a la modernidad política y social. Desde 1935 hasta 1948 el país lucía encaminado y daba sus primeros pasos hacia la construcción de un sistema democrático.

El incipiente sistema trastabilló. Quizás aún no estábamos listos para ese cambio y la nación caminó de nuevo por la ruta de las dictaduras. Pasando en corto tiempo por dos golpes de estado, a Isaías Medina Angarita (1945) y luego a Rómulo Gallegos en (1948). Posteriormente el país quedó sometido a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez hasta enero de 1958.

Nuevamente una era de transición fue necesaria, esta vez la compleja tarea le tocó al Almirante Wolfgang Larrazábal. Desde enero de 1958 hasta el año 1998 el país vivió una era democrática, de libertades económicas, sociales y políticas. Durante este período Venezuela mantuvo un ritmo de crecimiento importante. Desde 1950 y hasta 1980, se atrajeron grandes inversiones. La corrupción administrativa desgastó y desaceleró el flujo de crecimiento, progreso y de bienestar. La moneda nacional (el Bolívar) era hasta 1983 una de las más fuertes del mundo, hasta que ocurrió el nefasto viernes negro en la era de Luis Herrera Campins.

Con el advenimiento de Chávez al poder la nación tomó un rumbo diametralmente distinto: el camino hacia el comunismo. Esta era ha estado dirigida por el Castro Chavismo y nos ha llevado al desastre ya conocido por todo el planeta. La etapa de Maduro aceleró la ruina, que hoy el mundo entero ve con asombro y preocupación.

La democracia se pudo salvar, antes de que llegaran los comunistas. La nación tenía los recursos y la solidez para tomar los correctivos necesarios. Un tratamiento para salir del estado de schock, era lo indicado; esto implicaba dolor y sacrificio y no hubo el liderazgo capaz de capitanear esa inmensa tarea. El segundo gobierno de Carlos Andrés Perez, entendió el desafío pero no logró aglutinar el acompañamiento y se quedó solo: su audaz y ambicioso plan fue derrotado. Los intelectuales y los políticos de la época no tuvieron la visión de largo alcance para dar el soporte requerido por el gobierno de CAP. Esta debacle económica, aunada al deterioro del liderazgo político abonó el camino al populismo y a la “ruta mágica” del socialismo del siglo XXI. Ahora tenemos un país material, institucional y moralmente destruido.

La solución a la crisis actual pasa por una nueva transición, no será posible restablecer la democracia antes de estabilizar al país. Es muy necesaria la presión y el acompañamiento internacional, los venezolanos solos no podemos. La tiranía está armada y ha demostrado de lo que es capaz. Es preciso converger las fuerzas internas con la visión de crear el camino de la restauración.

Será necesario un plan de emergencia para restituir la ley, el orden, atender las emergencias alimentarias, sanitarias y de infraestructura, crear un clima de confianza para a inversión extranjera. Los venezolanos debemos dar respuestas a los temas fundamentales ¿Cómo debe ser esa transición?, ¿Quiénes la deben integrar? y ¿Cuánto tiempo requiere? La Asamblea Nacional (la legitima) deber restaurar todos los poderes, designando nuevos miembros en cada uno de ellos, para reiniciar la institucionalidad. Luego, y solo luego, de haber atendido la emergencia se debe implantar un nuevo marco legal y político para convocar a unas elecciones generales. De aquí en adelante tendremos un nuevo sendero hacia el civismo y el progreso.

Cosme G. Rojas D.

4 de noviembre de 2018

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¿Por qué tendríamos que salir de la zona de confort?

confort

Porque siempre se puede estar mejor. Y estar mejor es permanecer en movimiento y captar cada detalle del camino. Porque la vida es mucho más que confort. Porque quien se rinde ante el confort renuncia a las maravillas detrás de la exploración.

Sentirnos en la zona de confort, es experimentar que se ha alcanzado la meta. Esa sensación hace tan apetecible y hasta peligroso a ese estatus. Los seres humanos somos conscientes de nuestra existencia, de nuestro entorno y de nuestras capacidades para moldearlo. La vida es un camino por descubrir, lleno de sorpresas en sus variopintos tramos. El confort representa las estaciones placenteras para el descanso, la higiene, la recreación; propicias para planear los próximos derroteros.

La vida no es solo sosiego, la adrenalina y la aventura le imprimen la energía para movernos en sintonía con el universo. El entusiasmo es el combustible requerido durante toda la travesía.

Lo meta no debe ser vista con la obsesión por llegar a algún sitio, pues la vida está en cada momento, en cada instante, en las turbulencias constantes que nos rodean. En cada paso dado hay un pedazo de vida, y no hay vuelta atrás, en cada situación se oculta un derrotero o una recompensa. En el transcurso hacia la cima hay muchos tesoros imperceptibles, para muchos.

Disfrutar a plenitud de la zona de confort es nutritivo, pero permanecer en ella es claudicar a la vida.

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03-11-2018