Opinadores de oficio

bla, bla, bla

Decía J. Krishnamurti – “Cualquier acción nacida de la confusión sólo puede conducir a mayor confusión.”

Recuerdo a un estimado profesor, quien solía comentar: en las dudas abstenerse… Agregaría, porque no hay nada más peligroso que un ignorante con iniciativa. En mayo de 2017 escribí un artículo de opinión titulado de la Ingenuidad a la Paranoia.  En julio del mismo año escribí otro titulado Encuentro y Enfoque. En resumen; en el primer escrito hacía referencia a la inestable costumbre de pasar de un extremo al otro; en el segundo exponía la necesidad de privilegiar la cohesión estratégica por encima de la búsqueda de la unidad. Hoy aprecio que seguimos azotados por los mismos errores, los cuales nos mantienen en la desesperación y en la desorientación.

Los modernos opinadores de oficio, son esos que se han forjado detrás de las redes sociales, sin la rigurosidad y la sensatez que se le exige a un analista ponderado y bien intencionado. Se trata de improvisados y compulsivos comunicadores que siembran confusión y desilusión. Resultan muy expeditos para calificar y llegar a conclusiones terminantes; sin importar cuantas veces las deban ajustar o se deban desdecir. A ellos poco les importa que las mejores respuestas suelen requerir ser procesadas y verificadas; y que se debe considerar al tiempo como un aliado necesario. Defino como un opinador de oficio, a quien no aporta luces sino oscuridad, a quien en lugar de contagiar entusiasmo provoca desmovilización, a quien para cada solución argumenta un problema. En conclusión, como diría Cantinflas, a esos a quien provoca decir “no me ayudes compadre”…

Un ejemplo, sumamente doloroso, de lo aquí expresado, es el caso de Oscar Pérez. En la opinión pública venezolana su imagen pasó, al menos, por tres estados o valoraciones. El problema no es que se planteen los estados, el problema es que se den por hechos indiscutibles cada uno de ellos, expresados con vehemencia casi irracional. Las operaciones de Oscar Pérez, fueron calificadas desde un “trapo rojo” o payaso aliado del régimen;  para otros eran las acciones de un soñador y luchador solitario, una especie de vengador anónimo; hasta que amargamente, luego de su brutal asesinato, fuese aceptado mayoritariamente como el principal mártir de “La Masacre del Junquito”.

Es muy lamentable, y aunque suene muy duro decirlo, es que este último estado no existiría si la dictadura no lo hubiera matado. Si sólo lo hubieran tomado preso, muchos opinadores de oficio regresarían al primer estado: “yo lo dije desde el principio, era una ficha del gobierno…” Qué obscena competencia a la cual hemos llegado…  Creer en todo es de tontos, pero no creer en nada es mortífero.

El dolor si no deja aprendizaje puede generar actitudes muy perversas, injustas y extremadamente crueles: como por ejemplo la venganza. Lamentablemente se sigue labrando para obtener el mismo comportamiento incoherente de las masas; listos para condenar y sacar conclusiones de todo. Nada bueno se puede obtener, si se continúa pensando con las vísceras, expulsando la bilis en cada situación planteada, al final nos vamos a quedar sin aparato digestivo. Se acusa ligeramente a cualquiera de ser ficha de la dictadura aunque este muestre señales de tortura en su cuerpo. Seguramente habrá traidores, de hecho ya hemos tenido muestras de estos infaltables saltimbanquis y seguirán apareciendo; pero es necesario una dosis de calma y cordura. Se debe resolver una cosa a la vez y en preciso orden.

Cada quien tiene derecho de tener sus ideas y su visión de cómo salir de esta pesadilla, pero sin el esmerado respeto, disciplina, tolerancia y la necesaria cohesión no vamos a ninguna parte. Veo en las redes sociales como se acusa deportivamente de traidores a quienes hasta ayer eran héroes y depositarios de la esperanza, ¿a quién benefician estas actitudes? Se les coloca cachuchas rojas a algunos líderes que hasta ayer se les aplaudía a rabiar.

Es que por una parte seguimos siendo ingenuos o de pensamiento ligero, y por otra parte seguimos actuando de manera incoherente pasando de este extremo a la paranoia. Además seamos prácticos eso de Unidad no sólo no existe sino que en esencia es incompatible con la diversidad; lo que se requiere es que reine eso que llamamos civismo.

Todos anhelamos la solución a la terrible pesadilla que vivimos en Venezuela, pero sin la debida sensibilidad y sensatez sólo demostramos que no estamos listos para el cambio.

Cosme Rojas

27/01/2018

Twitter @cosmerojas3

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