Archivo por meses: mayo 2017

La novela ¿realidad o fantasía?

novela

Una pregunta común que se le hace a cada escritor, es acerca de veracidad de lo relatado.

La RAE define a la realidad cómo: “Existencia real y efectiva de algo”. La realidad, en todas las épocas ha sido desfigurada, bien sea por manipulación o por la simple mezcla con datos imprecisos.

En cuanto a la fantasía la RAE la define cómo: “La facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar las reales. De manera que, la fantasía al partir de experiencias reales no puede ser completamente genuina.

He aquí un tema muy interesante tanto para el novelista, como para el lector ávido de viajar a través de las aventuras de un relato. Tanto para un escritor, como para sus persuadidos lectores la realidad y la fantasía se funden de manera mágica. Las grandes obras de Julio Verne son extraordinarias creaciones de ciencia y ficción; en ellas es inútil e innecesario cuestionar los elaborados descubrimientos. Cuando era niño todo cuanto leía me era absolutamente real y cierto, no tenía prejuicios de ninguna índole. Ahora de adulto soy crítico y no sé si hasta donde eso me resulta beneficioso, o cuanto me priva de nutritivas experiencias.

Intento conservar la mente abierta y me pregunto frecuentemente. ¿Cómo separar lo real de lo fantástico? Y esto me genera una más interesante nueva interrogante. ¿Conviene hacerlo? Si precisamente, ese ejercicio de clasificación, puede resultar en un acto de castración o deformación de la creatividad.

Con base a lo antes mencionado, me formulo la  duda de otra manera: ¿es la novela fruto de la imaginación o de recuerdos aderezados? Se me ocurre que la verdad es rica y compleja. Resultaría falso pensar que los relatos son productos absolutos de la memoria, pues esta no es de fiar. Tampoco se puede creer que son generados por puro ingenio.

En el proceso de registrar los eventos, la memoria rellena los datos que faltan con suposiciones, los cuales se mezclan y se almacenan, en la mente como hechos reales. Es decir en toda creación la realidad se funde con la imaginación. Hasta los testigos, con la mejor intención, suelen distorsionar o ajustar la realidad de acuerdo a sus percepciones, creencias y circunstancias.

Lo interesante es que precisamente este dilema, entre lo real y lo ficticio, se constituye en un recurso para el escritor. La novela “es el bistec de la literatura”; así  lo comentó el novel poeta chileno Pablo Neruda en una entrevista que le hizo Gabriel García Márquez (este último aún no había ganado el novel de literatura). Este comentario lo argumentaba con la habilidad requerida para emprender un relato de manera envolvente. No obstante García Márquez señalaba la tentación del novelista de separarse de la crónica de lo real.

La novela es el relato de una realidad fantaseada con los recursos del escritor. ¿Qué tanto de realidad y cuánto de fantasía? es la eterna y nunca bien respondida pregunta, que se le hace a cada autor. Escribir relatos es soñar despierto, con los sentidos entonados. De alguna manera el escritor aprovecha hasta sus sueños reales, su mente viaja desde la realidad hacia las profundidades de ese confuso mundo, en el cual se manifiestan de forma compleja los anhelos, los miedos y las grandes motivaciones. De manera que la inspiración, es importante sin embargo lo más significativo es el hábito. La línea que separa la fantasía de la realidad es por definición subjetiva. De una entrevista a Julio Cortázar, extraje la siguiente idea:

De alguna manera el cuento a desarrollar ya está creado, antes de comenzar, lo que falta es simplemente convertirlo en idioma.

La escritura resulta ser una danza sigilosa, en la mente del autor, donde las ideas y las palabras se desvanecen como si huyeran para no ser atrapadas.  En ocasiones las palabras no son las apropiadas, para expresar con fuerza,  sencillez y claridad las ideas y las sensaciones que conmueven al acosado escritor. Se repiten con extenuante frecuencia los momentos de romper papeles y desechar frases, mientras el cuentista busca la fluidez que le libere de las inquietudes de su alma. El escritor sabe que una vez soltado lo escrito ya no le pertenece; y es que en cada lector ocurre una nueva historia. Escribir es el ejercicio de llevar al lenguaje lo que en la mente y el espíritu del autor ya ha tomado cuerpo.

Cosme G Rojas D.

20 de mayo de 2017

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Los nuevos judíos

 
Martini con Liria (XII): Dictadores de los visionados - 35 Milimetros
Los nuevos judíos otra frase para la larga lista de sandeces que ha expresado el dictador de Venezuela. No Nicolas, como de costumbre estás usando ese recurso de defensa, que los psicólogos llaman proyección. Sin embargo, como un bumerán, todas esas artimañas se vuelcan contra la devastadora tiranía.
Nicolas, nunca olvides que este pueblo es noble, intuitivo e históricamente indómito. Tus disparates te han convertido el hazmerreír del mundo entero. Te aplica perfectamente aquella famosa frase del rey de España, dirigida a tu desaparecido mentor, ¿Por qué no te callas?
 
Hay varios elementos que identificaron el odio de los nazis hacia el pueblo judío; para que ubiques tu verdadero rol de tirano, comentaré algunas características de esa aciaga era, aprovecho de comparar con lo que nos ha tocado vivir, a los ciudadanos venezolanos:
 
Las cámaras de gases fueron usadas por Adolf Hitler contra los judíos, para exterminarlos. El tirano de hoy en una versión tropical a través de la “Guardia Nazional” hace lo propio contra los ciudadanos venezolanos. Y no es una ligera comparación, pues con esas bombas de gases han asesinado a manifestantes por sólo querer una Venezuela Libre. En eso también sigues los mandatos de ultra tumba, recordando al desaparecido cuando respondía ante las manifestaciones «Doy la orden de una vez, me le echan gas del bueno». Aunque la verdad sea dicha; superaste la maldad de tu promotor al asediar a mujeres, niños, a un indefenso y desnudo joven y a personas de la tercera edad. Tú crueldad es difícil de superar.
 
La lista de Schindler ilustra aquella perversa estrategia para censar, ubicar y acabar con el enemigo, este relato se ha convertido en un elemento de reflexión sobre las barbaries en la historia. Herodes hizo aquel depravado censo, para ubicar y matar al mesías. En estos 18 años, el socialismo del siglo XXI ha recorrido a esta ignominia con: la Lista Tascón, la Lista Maisanta y como último y desesperado intento con el Carnet de la Patria. Amenazar, separar y domar al pueblo es el claro objetivo de las dictaduras absolutas. No obstante, es conveniente señalar que así como ocurrió con el tardío heroísmo de Schindler, afortunadamente no siempre esas inicuas listas logran su cometido original. Y en ocasiones hasta se vuelcan en contra de sus mentores.
 
La humillación a los judíos, fue un arma diabólica de los nazis contra ese pueblo. Aquellos endemoniados seres no se daban por satisfechos con eliminar al enemigo, antes los vejaban con el más cruel morbo. Tu mentor, Nicolas, comenzó a destruir a esta noble nación, humillando a sus enemigos (para él no existían los adversarios políticos); apelaba al verbo soez, descalificador y excluyente; con el malévolo objetivo de exacerbar las más bajas pasiones, el rencor y el odio; contra quienes anhelamos y trabajamos por una tierra de paz y progreso. A ti te da por bailar, así celebras las tragedias infringidas a la sociedad venezolana.
 
La persecución a los judíos ocasionó una desgarradora diáspora a ese pueblo, tenían que huir de Alemania para evitar ser exterminados. Familias enteras fueron aniquiladas o desmembradas. A Venezuela, esta acogedora tierra, que por mucho tiempo fue destino de cientos de miles de exilados de todas partes del mundo, hoy la tiranía la ha convertido en un pueblo en éxodo. En todas las familias tenemos seres queridos, forzosamente, esparcidos por el mundo. La obra del maestro Carlos Cruz Diez en el Aeropuerto de Maiquetía, ha sido testigo de innumerables y dolorosas despedidas. Mientras esto ocurre ustedes los sátrapas, han ubicado en suntuosos lugares del planeta a sus familiares; con el dinero que nos han robado ¿Será que a estos hijos de los nuevos ricos también les resulta inhóspita tanta calamidad? Se molestan porque el mundo les resulta cada vez más pequeño y el dinero mal habido es perseguido, por ser incompatible con el progreso honesto. Lo interesante es que hasta en la cárcel del imperio ya tienen representantes y una larga lista en espera de justicia. Uno no entiende porque razón se ofuscan tanto cuando los Estados Unidos les impone sanciones y les eliminan las visas; de acuerdo a sus charlatanerías se debe suponer que no tienen ningún interés ni bienes en esas odiadas tierras ¿Será que lograrán entender el significado de la persecución, ahora cuando mucho de ustedes son prófugos de la justicia internacional?
 
El Holocausto judío ha sido la mayor vergüenza del mundo, ese exterminio masivo de seres humanos, permanecerá acechando la memoria de la humanidad. Después de cada guerra lo que queda son las ruinas y unas inmensas heridas, las cuales toman generaciones en cicatrizar. Los nazis exterminaron a muchos judíos movidos por el odio, la envidia y los resentimientos. Aquel criollo paracaidista, fue el precursor del desastre perpetrado a esta rica tierra; ese extinto ser diseñó el camino hacia la miseria que hoy no castiga y amenaza. Acabaron con todo, saquearon al país con sus expropiaciones, destruyeron todas las fuentes productivas del estado. Sustituyeron los méritos por la mediocridad. Y como legado nos dejaron un país devastado. Aquí ya no se vive sino que se sobre vive.
 
Una vez que los saquemos del poder, nos tocará reconstruir desde los escombros materiales y desde las reservas espirituales a esta gran nación. De las incontables manifestaciones de repudio hacia ustedes, rescato esta por su elocuencia: nos han quitado tanto, que nos quitaron hasta el miedo.
 
Nicolas, si te queda algo de humanidad, responde: ¿A quién se asemejan realmente los perseguidos judíos?, y ¿Con cuál personaje de la historia te toca identificarte?
 
Cosme G. Rojas D.
21 de mayo de 2017
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De la ingenuidad a la paranoia

balanza

En la Venezuela de estos últimos lustros , quienes nos oponemos a este devastador régimen, con inmensa facilidad nos hemos movido de la ingenuidad a la paranoia.

Nos debatimos entre la confusión y la desesperanza. Este caótico devenir es una de las razones por la cual nos ha costado tanto organizarnos para terminar con esta pesadilla. Estos comportamientos obedecen a razones complejas de índole emocional.  Se trata de actitudes erradas que han obrado en contra de nuestras justas ambiciones, por enrumbar al país por el camino del progreso y del bienestar. Ante cualquier crisis lo menos indicado es entrar en pánico y lamentablemente en eso hemos caemos con frecuencia.

La ingenuidad se ha manifestado en subestimar al detractor. Quizás hasta como un desafortunado mecanismo inconsciente de autodefensa. Cuando Chávez llegó al poder, muchos incautos pensaron que era la oportunidad para acabar con la corrupción y las mañas  que habían deteriorado la democracia venezolana. A pesar de lo soez de su verbo, muchos especularon que se moderaría una vez instalado en el poder. Bajo esa óptica, ese fallido y bestial golpe de estado del 4F era un acto inspirado en sus buenas intenciones de redentor nacional. Y eso de freír cabezas, era sólo una metáfora para dar elocuencia a su lenguaje. No estuvimos solos en la inocencia de subestimar a ese domesticador de ranas; muchos medios, periodistas de Venezuela y de otras latitudes se creyeron sus cuentos y su verborrea. Fue un zorro disfrazado de oveja. Él afirmó en campaña electoral, que en Cuba si había una dictadura, que no expropiaría ninguna empresa ni medio de comunicación. Se atrevía a bromear con los entrevistadores, sobre las fantasiosas pretensiones comunistas que le atribuían, y muchos sucumbieron a sus cínicas mentiras.

Hubo una época en la cual minimizar la maldad y las capacidades del pillo se convirtieron en una tendencia nacional. Con comentarios de este tipo: No chico eso no va a pasar aquí. Ni que fuéramos una isla. Estos son otros tiempos, es imposible instaurar un comunismo en la patria de Bolívar. No se van a atrever a hacer eso. No tienen la capacidad para llevar a cabo ese plan, además son todos unos bates quebrados. Sin los expertos las empresas se paralizan y no hay manera de que puedan operarla.

El adversario ha avanzado haciendo lo único que sabe hacer bien: lo cual es destruir. Es que nuestra principal candidez ha sido responder al régimen en los términos ortodoxos de la política. Muy mal foco hemos tenido, en visualizar al adversario bajo la lupa de racionalidad y los escrúpulos; mientras ellos nos han contemplado como el objetivo a eliminar o a reducir. Es decir, hemos estado jugando en un tablero y ellos en otro. Esto a pesar de que los comunistas siempre revelan sus presunciones. No le creíamos capaces de tales osadías. No analizamos los escenarios desde sus perversos paradigmas, sino desde los nuestros. Sus planes, nos han parecido tan absurdos que desechamos, su viabilidad.

Quizás por el shock que nos ha generado esta situación nos movemos de un extremo, al otro. Permanecemos en un sube y baja, entre ingenuidad y paranoia.

Bruscamente el mismo adversario, a quien menospreciamos lo convertimos en un monstruo invencible. Le otorgamos súper poderes, con frases de este tenor: No vale la pena hacer nada ya nos tienen fritos. Lo del 13 de abril estaba calculado, con todos sus detalles incluidos. No hay manera de que les ganemos a estos malvados, la trampa es incontenible. Ante cada alternativa o iniciativa aparece un pájaro de mal agüero, para reubicarnos en la calamidad. Surge ese pesimismo exacerbado que hace ver como enemigo o sospechoso a cualquiera, que se aparte de nuestro patrón o filtro. A quien no asuma una postura radical lo descartamos o lo etiquetamos. Así en vez de sumar, hemos estado restando. Desde esta actitud nos domina las vísceras, mientras el cerebro queda anulado. Esta es la situación ideal para el tirano pues no necesita destruirnos, pues de eso nos encargamos nosotros mismos. Chávez sacó sustanciosos provechos de estos errores, afortunadamente sus herederos son más torpes y están menos cohesionados. Se aprovechó de los análisis callejeros sobre el paro nacional, declaró que él lo había provocado. Claro, se la pusimos bombita. Se adjudicó la autoría intelectual de haber manipulado la situación  y así quedó como un gran estratega. Muy a nuestro pesar contribuimos en alimentar el ego de ese desaparecido depredador.

La sensatez, la capacidad de resistir y el mantener el foco en la meta es lo relevante. No olvidemos lo que somos y porque luchamos. No caigamos en la trampa de copiar las cosas que tanto criticamos. La energía se debe re alimentar en hacer lo correcto y no ofuscarse en lo inmediato. Es necesario combinar la resistencia, paciencia, tolerancia, con una gran dosis de resiliencia. A lo hecho pecho. Tomemos un respiro antes de manifestar nuestras apreciaciones y mantengamos la mente abierta, para poder salir de este atolladero. Debemos privilegiar la razón por encima de las pasiones. No sigamos entrampados en el sube y baja de nuestros ímpetus. La realidad es más compleja y es bueno recordar que como dice el refrán “los rusos también juegan”. Es menester manejar las prelaciones para encontrar la salida expedita y no desesperarnos en aplicar la justicia de inmediato. Primero lo primero, ya habrá tiempo para que el civismo retomé su camino. Es imperativo imponer nuestra agenda y forzar al enemigo a develar sus cartas. Ahora contamos con la mayoría, con la creciente presión internacional y con una voluntad a toda prueba. No subestimemos al enemigo, pero tampoco a nosotros mismos.

Animo, administremos nuestras emociones e inteligencia, pues con cada paso estamos mucho más cerca de terminar con esta pesadilla.

Cosme G. Rojas D.

09/05/2017

Caracas, Venezuela

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Ideas para comenzar a escribir

El place de escribir

Muchas veces siento que me desborda una idea, una inquietud, un sentimiento, o un sueño. ¿A quién no le pasa? En esos momentos mi espíritu se mueve, me invade la inquietud y mi mente  deambula en forma caótica. Comienza la etapa de la confusión, la cual es previa a la creación. En esos instantes me comporto como un mosquito volando errante, sin propósito claro de adonde ir, sin saber qué hacer. La siguiente letra, lo ilustra con naturalidad:

“Busqué mirando al cielo inspiración

Y me quedé colgado en las alturas

Por cierto, al techo no le haría nada mal

Una mano de pintura…”

Tomado de la canción “No hago otra cosa que pensar en ti” de Joaquín Sabina

En ocasiones se me ocurren fugaces ideas, o me invaden emociones y luego al disponerme a garabatear pierdo la misteriosa chispa. Me embarga una sensación de frustración y con ella viene el desgano y la renuncia. Estas experiencias me han hecho desperdiciar mucho tiempo, en la espera por el regreso el deleite de la inspiración.

Esa musa es más mito que realidad. Suelo bromear con esto, diciendo que las mejores ideas se me ocurren cuando estoy lejos del lápiz y del papel; por ejemplo al correr, al dormir o cuando converso; pero luego se me pasa cuando me siento a borronear. A estas situaciones las defino como divagancias. Estas experiencias no las considero como una fase formal del proceso de escribir, sin embargo son muy importantes y también peligrosas: me inquietan y me advierten que si quiero crear debo tener el control. Me doy el permiso de vagar por intervalos de tiempo determinado, preferiblemente antes de comenzar cualquier composición. Dosifico el merodeo de manera decreciente durante el transcurso de la creación. Me mantengo consciente de los riesgos de estos abstractos recesos, por eso me aseguro de regresar al proceso sistémico.

Me resulta importante recordar constantemente que crear novelas, cuentos o relatos es un arte y eso requiere amplitud y libertad. También pondero la necesidad de ser organizado y armónico. En el apasionante mundo de la escritura se debe colocar en la balanza variados y ricos componentes.  En cada historia hay ambientes, circunstancias, tiempos, culturas y personajes; estos últimos representan el más complejo de todos los ingredientes. Cada individuo debe ser trabajado con menudencia y diligencia; ellos han de ser provistos de: ideas, creencias, talentos, limitaciones, percepciones, supersticiones y ambiciones. En fin han de ser percibidos como seres reales.

Al abordar la aventura de la escritura, me pregunto. ¿Cómo hago para salir del círculo improductivo de la divagancia?  Comienzo por seleccionar el mensaje central y me enfoco en el objetivo. Una vez con el concepto en mente, organizo mis intenciones para  organizar aquello que me luce como un caos. Asumo el rol de un investigador recién llegado a la escena de un crimen. Sabiendo que un hecho relevante ha ocurrido y me motivo a descifrar esa titánica y retadora tarea: con muchos cabos por atar. Me digo dedos al teclado.

Me animo pensando que cualquier suceso lo puedo reproducir con trabajo y determinación. Esto incluye aquellas vagas e inspiradoras ideas que se esfumaron de mi mente, cuando al fin les dediqué tiempo. Me esmero en reconstruir o imaginar un acontecimiento que me causó impacto; con todos sus detalles: aromas, sonidos, colores y el entorno en el cual se generó. El resultado de estos ejercicios es sorprendente. Las líneas comienzan a fluir desde el teclado a la pantalla y con ellas la motivación crece en una especie de espiral virtuosa. Sin darme cuenta me ausento absorto, inmerso en la vertiginosa creación. Cada frase, cada oración, cada párrafo, me conduce en en el propósito de la obra. Me esfuerzo en ser claro, franco y preciso; por privilegiar la elegancia y la sencillez por encima de la complejidad. Tengo presente que la gente está muy ocupada y tentada a la confusión, igual que yo. Selecciono un lenguaje llano, armonioso, narrativo, descriptivo, elocuente, persuasivo, pero no demasiado evidente. No es necesario ni beneficioso decirlo todo. Conviene dejar espacios al misterio, a la intriga y a la duda. Mientras leo, una interesante novela, me pregunto. ¿A dónde va el autor, con este tema? ¿A dónde me quiere llevar? esas dudas me mantienen atento y crítico hasta el desenlace.

En esa intención por dar estructura al trabajo parto por dividir la escritura en cuatro fases:

La primera fase es la observación. En esta etapa asumo el rol del testigo imaginario o de protagonista invisible. Me percibo entrando en escena, sin que se note mi presencia y desde allí trato de fotografiar determinadas piezas, en ese mar de desorden. No me resulta fácil buscar, cuando no sé qué busco, recuerdo que la distracción es una amenaza constante. Intento observar, extremando los cuidados por no interferir en los procesos; aunque de acuerdo a la física cuántica, la realidad se altera sólo con ser observada. Opino que en la creación hay más por descubrir que por completar. Una novela nunca será cien por ciento inventada, o producto total de la imaginación. Tampoco ninguna biografía será 100% fiel, por que como decía una de las canciones de Raphael “¿Qué sabe nadie, si muchas veces ni yo mismo sé que quiero? Me imagino que Agatha Christie para escribir sus fabulosas obras, observaba a la gente en las situaciones difíciles y eso inspiraba su incuestionable genio. Como me gusta escribir, podría advertir a la gente cuidado con lo que dices o haces porque soy escritor.

La segunda fase es la Interpretación. A partir de la recopilación de las piezas, ideas, sensaciones; surgen en mi mente borrosos esbozos. Doy cuerpo a una historia, mi imaginación se anticipa a visualizar el foco de la trama. En esta fase aún estoy lejos de hilvanar y de conocer cómo empezar.  Mi primera novela José y Blanca – Vidas Paralelas, comenzó a moverme desde mi adolescencia, sabía que tenía una historia con un mensaje existencial, pero no sabía cómo darle cuerpo. Hice un intento con un amigo del mundo del arte, pero este experimento no evolucionó y abandoné. Ese fracaso me mantuvo alejado de la idea por muchos años, hasta que me había separado emocionalmente de esas historias.  Eso me enseñó que debo tomar cierta distancia de lo escrito, esto me produce un efecto secundario, de sanación espiritual.

La tercera fase es la imitación. Me pregunto. ¿Cómo lo he hecho antes o cómo lo hacen otros creadores? En este período tomo cada pieza, idea o sensación y comienzo a armar el rompecabezas. Me doy cuenta que me enfrento a infinitas posibilidades y eso me apasiona, pues me indica que estoy en camino de la creación. Dejo el laptop a un lado y me planteo en líneas gruesas una historia posible, espontánea y cargada de emociones. Antes de comenzar me imagino  un buen inicio y un buen final, ¡eso es primordial! Me ocurrió, con mi primera novela, sin comprender muy claramente en mi intuición ya dibujaba el principio y el final. Luego ya de una manera más consciente me sigue sucediendo con mis siguientes escritos. La imitación de estilos me resulta tentadora, pero se hace más compleja mientras más leo. El estilo propio surge con la constancia y evoluciona, amparado bajo un ambiente de libertad.

La cuarta fase es la reinterpretación. En esta cuestiono mis primeras concepciones, dejó macerar mis apuntes originales y regreso a la observación. Reordeno las piezas, ideas y sensaciones y vuelvo a interpretar. Reviso mi esquema de adonde quiero ir y qué quiero comunicar, ahora lo estructuro con mayor tino. Me mantengo alerta, con mente y espíritu abierto, no abandonó la oportunidad de descubrir y dejarme sorprender en el camino. Recuerdo, una vez más, que me es imperativo atrapar al lector desde el principio y sembrar en él la curiosidad por descubrir la historia. Me desvelo por seducir y en adecuar el ambiente, porque una interesante aventura está a punto de arrancar. En el cierre intento alcanzar el suspiro del lector, mi finalidad es moverlo, que se lleve algo contundente. Mi ambición es que al llegar a la última página, tenga la sensación de recorrer a gran velocidad toda la obra y recuerde cómo se sintió al arrancar este viaje. Inicio y cierre los visualizo como dos puntos de un círculo.

A medida que avanzo en la escritura ajusto la estructura, reviso de no alejarme del propósito, además examino antes de tirar líneas a la papelera. Encuentro ideas y párrafos completos que no armonizan en el texto, sin embargo recogen valor o fuerza. Apelo a una especie de cesta reusable, y de ella suelo extraer material para el lugar más apropiado.

Al final me ocurre una sensación de satisfacción, muy difícil de explicar, acompañado de una necesidad por liberar lo que he generado. Comparto mis primeros borradores con agudos y críticos familiares y amigos, atiendo con dedicación las contribuciones y correcciones. El proceso de revisión y edición es materia para otro artículo.

Cosme G. Rojas D.

6 de mayo de 2017

Twitter @cosmerojas3